Crítica

Las opiniones más controvertidas sobre lo mejor y peor del cine.

Actualidad

Todas las novedades en cine y series.

Series

Gran variedad de contenidos en todo tipo de series.

Podcast

Si te perdiste los programas de Expediente Altramuz en directo desde Radio Carcoma, ahora los podrás disfrutar en formato podcast.

Archivo

El cajón de lo ya comentado en series y películas.

Telebasura

La sección con toda la mugre televisiva.

Diario del fin del mundo, el aplauso por DaviOne

Diario del fin del mundo

-El aplauso-


Son muchos días de encierro en casa, es normal que las ideas que antes no rondaban en nuestra cabeza de manera habitual, resuciten. Estamos en una situación que nuestra historia reciente no ha conocido, es más, ni siquiera nos planteábamos que pudiera ocurrir. Nunca he sido propenso a las teorías de las conspiración más allá de las políticas o económias, y siempre he pensado que gente como los Terraplanistas son sencillamente gilipollas. Son tiempos difíciles y complicados de digerir, pero algo me dice que en un futuro, alguién tendrá que dar cuentas y explicaciones de por qué ha ocurrido esto y quién está detrás de todo. Personalmente, siempre he tenido aversión al negocio de la salud, así como las farmaceúticas. No me entra en la cabeza que una solución por el bien, ya no de un país, si quieren ponerse patriotas, sino del mundo entero, esté en manos de unos laboratorios privados y que viven de patentes y de las enfermedades de seres humanos. Es espeluznante que el precio de una vida se decida en una sala de reuniones con gente trajeada, ¿verdad? Pues así es como funciona el mundo, y no es precisamente alentador.

Hace ya varias semanas que nos hemos hecho a la idea de que el confinamiento domiciliario era algo necesario, aunque costó. No todo el mundo parece darse cuenta de la gravedad de la situación, y en el infnito egoísmo de la sociedad, reside la respuesta de por qué estamos como estamos y los motivos por los que probablemente sigamos estándolo en el futuro. Lo curioso, es que si lo analizas con detenimiento, hay un patrón común entre la gran mayoría de aquellos que abandonan sus casas para lanzarse a la carretera a sus segundas residencias. No es difícil dar en el clavo cuando descubres que son los mismos que deciden salir al balcón o a las ventanas a dar el aplauso de rigor todos los días a las 20:00h, aunque ahora les ha dado por empezar a las 19:58, (no lo entiendo, el caso es hacerlo todo mal). Se realiza de manera automática para apoyar al personal sanitario que trabaja duro para salvar vidas. Es un gran momento para volver a algo que parecía ya olvidado y desempolvar aquellas banderas patrias que tanta mierda estaban cogiendo en el cajón del olvido, junto a la baraja de cartas del Mus. En ocasiones se acompaña con el himno de España, que es muy útil para que sepas, por si no recordabas, en qué país estás y vives, en mi caso, desde hace poco más de treinta años.

También se pusieron un día de acuerdo para hacer una cacerolada contra el Gobierno y, en especial, a Pablo Iglesias, alias: El Coletas. Ya sabéis que es el principal responsable de esta crisis sanitaria, porque en su chalet de la sierra de Madrid, tiene un laboratorio secreto con acceso directo a Racoon City, donde los comunistas a parte de quemar iglesias y comer bebés, también crean enfermedades para la guerra biológica. Mola mucho hacer cosas de este tipo, ya que crea una hermandad con tu vecino, el de la pulsera de la rojigualda. Lo curioso, es que si este aplauso va dirigido a los sanitarios, (al menos era la idea desde un inicio), ahora se abarque: Guardia Civil, policía, ejército y, por supuesto, Amancio Ortega, un empresario que siempre cotiza en España y que jamás ha defraudado ningún milloncejo por ahí, ha hecho un esfuerzo enorme gastándose un dineral en material sanitario por el bien de la nación. El circo está servido y cada uno que lleve esto como guste, como si quiere aplaudir al Oso Yogui. Me da igual. Pero deberían ser coherentes con lo que piden y, en especial, con lo que apoyan y defienden, básicamente porque no tiene sentido apoyar a partidos y personas que su objetivo número uno es privatizar la sanindad que nos está salvando y recortar en infraestructuras, (como ya pasó con los antiguos gobiernos del Partido Popular), personal sanitario y medios. Que Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida, alias Carapolla, estén dando sus discursos populistas, y medios como La Sexta, ese supuesto gigante de izquierdas y bolchevique, blanqueen sus caras de mano de Cristina Pardo o Ferreras, no los convierte en héroes, al igual que tampoco lo son los futbolistas bajándose los sueldos o aceptando ERTES de buena, o mala gana en este caso, como cualquer ciudadano. Es vuestra obligación y ya está. Pero volviendo a las incongruencias, ese aplauso que en un principio me representaba, me fue asqueando progresivamente. Porque al igual que no me siento cómodo junto a un maltratador machista o un defraudador de impuestos, no puedo salir a la ventana a participar de un show que se ha ido contaminando, tanto ideológicamente como moralmente. No me sale. No digo que no deban hacerlo, ni que tengan unos más derechos que otros para dar esa energía que tanto se necesita, solo intento entender por qué lo hacen y los motivos que les llevarán a olvidarse cuando todo esto pase y acudan a los colegios electorales con la misma papeleta en la mano. De verdad, llevo días dándole vueltas y no doy con la respuesta.

Es un hecho sabido por todos que el gobierno no actuó correctamente desde un principio, y no aprendimos nada de los vecinos italianos. Creo que es el momento, no de juntar fuerzas, sino de no dar por culo desde las instituciones y partidos poíticos de oposión. La derecha nunca ha soportado que la izquierda gobernase, es algo superior a sus fuerzas, pero tampoco entiendo que en una situación tan grave como la que estamos viviendo, no solo no sean capaces de intentar sumar, (como sí está ocurriendo en otros paises), es que están aprovechando el momento de hacer política hablando de la muerte de miles de personas, que es, junto con el apoyo a la guerra de José María Aznar de mano de su amiguito George Bush, de las cosas más rastretas que han hecho en las décadas que yo llevo viviendo en este mundo. Pero tanto ellos como tu vecino, o quizá tú, querida o querido lector, sois completamente iguales. Porque en el momento en que sacáis esa bandera o unas cacerolas para hacer ruido o ponéis el himno, fruto de la impotencia de unas urnas que os han vencido por fin, estáis ayudando a que una plaga más grande y peligrosa que el COVID-19 se propague. Una plaga que traspasa fronteras y es más contagiosa que la gripe: la de la ignorancia. Las vidas no se salvan arropándolas con un bandera. Las vidas se salvan con políticas sociales, pagando impuestos en su respectiva escala de riqueza y, por supuesto, invirtiendo en sanidad pública, que es lo que no parece entrar en las cabezas a día de hoy. Si ya con esto no se entra en razón, como dijo Groucho Marx: ¡que paren el mundo que yo me bajo!

Autor:

https://twitter.com/DaviOneEA

Expediente Altramuz - ¿Seremos los mismos después de la pandemia? - Pandemia Edition #4: Día 17

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #4: Día17

 

Día 17

PANDEMIAS, RELEXIONES Y CINE POR DAVIONE

PANDEMIAS, REFLEXIONES Y CINE

Todo ha cambiado en el mundo durante las últimas semanas. Vivimos actualmente en un Estado de alarma en España junto a otros paises a causa de una pandemia provocada por el ya famoso COVID-19, también conocido como Coronavirus. Son tiempos difíciles, no solo por el miedo que aflora en la sociedad, sino porque es en estas circunstancias donde vemos al verdadero ser humano, y lo cierto es que asusta ver la avaricia y el individualismo prevalecer en los instintos más bajos de nosotros mismos. Los supermercados se colapsaron, al igual que hospitales y servicios de emergencias. Porque, pese a tener síntomas leves, en su mayoría, fueron víctimas de la histeria colectiva por el pánico que creaban los medios de comunicación, sin una información realmente clara y veraz de lo que estaba ocurriendo. No importaba que estuvieran otras personas peor, ellos acudían en masa a recibir una prueba para comprobar que su salud no estaba siendo afectada por el famoso virus. Y así pasó, todo se desbordó. Mucha gente no pudo ser atendida y, a día de hoy, seguimos en las mismas.

Me parece un bonito gesto el hecho de salir a aplaudir a las terrazas y ventanas de los vecindarios. Lo curioso, es que muchos de aquellos que también aplauden al personal sanitario, (público), son los mismos que apoyan y votan a partidos que quieren destruirlo. Como os he dicho en alguna ocasión pasada, hace tiempo que dejé de entender muchas cosas y me limito a resignarme, confiando en que algún día esto pueda cambiar y muchos puedan ver la realidad, pero en el mundo en general y España en particular, está muy complicado.

No es la primera vez que veo cómo el mundo parece desmoronarse y que tenemos los días contados. Si bien una pandemia es una circunstancia única en nuestra historia reciente, (exceptuando la peste negra en Europa, que dudo que ningún lector de este artículo pueda recordarla por motivos obvios), nuestra integridad como especie supuestamente dominante, ha sido amenazada en diversas ocasiones. A la generación Millennial nos han jodido más veces de las que me gusta recordar, pero casi siempre hemos salido más o menos bien parados.

Tengo muchos recuerdos de mi infancia, más que nada porque nunca fui lo que se dice un niño normal, y mi cabeza ha retenido algunas de las fases de mi vida que normalmente no se almacenan en nuestro disco duro interno, entre ellos, traumas de ver pegarse a mis vecinos en el rellano, que me marcó mucho, ya que en aquella época jugaba al Street Fighter en la Super Nintendo, y no pensaba que esas peleas callejeras, (en este caso rellaneras), tuvieran lugar en la vida real, pero así fue. Nací en 1989, un año extraño, ya que no me dio tiempo a saborear como se merecían los 80, pero los pillé de milagro. Viví la mayor parte de mi niñez en la década de los 90. Tanto yo, como mucha gente de mi generación, nos quedamos lo que se dice a medio gas entre vivir las experiencias que ofreció, lo que para mí fue la edad dorada de lo freak, y la posterior decadencia en los años venideros, que tuvieron como protagonismo el exceso y la licra muy ajustada en los superhérores de los cómics.

El nuevo milenio asomaba a la vuelta de la esquina, y la gente, de pronto, se volvió gilipollas, como bien dedujo Marty McFly al final de Regreso al Futuro. Tengo todavía recuerdos de aquellos spots televisivos en los que te advertían de los riesgos del famoso Efecto 2000, que sería capaz de cargarse todos los ordenadores de tu casa, que los aviones en pleno vuelo dejarían de funcionar o que tu batidora te hiciera una sesión de bondage mientras dormías. Si algo distinguía a los 90, era sin duda el alucine que teníamos con la tecnología y con casi todo en general, y eso que nuestras televisiones todavía eran esas cosas cuadradas que pesaban una barbaridad. La flipada llegó a cotas insultantemente ridículas. Se hablaba de ello en los bares, en el Metro, en todas partes. El famoso Efecto 2000 iba a destruir la sociedad tal y como la conocíamos. En el invierno de 1999, la televisión, (de tubo), emitía un anuncio con la voz aparentemente de Ramón Langa, en la que de manera bastante inquietante, te decían que actualizaras tu ordenador para que en el caso de que pensara que el año 2000 no existia, lo reconociera.



La cosa fue tan absurda que asustaron a todo el mundo de manera innecesaria, ya que lo cierto es que pasamos al año 2000 sin más dificiultades de lo habitual, y eso que por momentos pensé en que la famosa bola de la Puerta de Sol durante las campanadas sería lanzada por el mecanismo del reloj a los asistentes en un homicidio múltiple a causa del Efecto 2000.

Un tal Nostradamus también predijo, por lo visto, que habría un eclipse solar y que eso sería el indicativo de que había llegado el Fin del Mundo. A mí me acojonó, más que nada porque ese verano me tocó pasarlo en un pueblo de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y hubo un puto eclipse. Yo pensaba que el mundo se acababa, y lo peor de todo, es que me iba a pillar en ese pueblo de mierda; sería la muerte más aburrida de la puta historia y estaba a punto de comérmela con patatas. Al final entre lo que parecía la antesala de Skynet y una novela de Max Brooks, ¿sabéis en qué quedó? En nada, joder. No pasó absolutamente nada. Yo me había preparado con una gorra para evitar los rayos solares que acabarían con los más desprevenidos, pero me daría un tiempo de ventaja sobre el resto, y todo para nada. Lo triste de todo esto, es que se te queda un mal sabor de boca, porque tú ya te habías hecho a la idea de que nos íbamos a la mierda, y eso, en el fondo, tiene su punto. Quedaría poética una muerte de esta magnitud y no atragantándote con tu propia saliva sin hacer nada, (que esto pasa), o porque te has caído por un barranco haciéndote un selfie, (que también ocurre). Pero, como os comentaba, no ocurrió nada. Todos seguimos con nuestras vidas. Yo, que siempre había sido muy dado a creer este tipo de conspiraciones o premoniciones, me sentí decepcionado, estafado. A mí me prometieron un final de los tiempos y no llegó. Pero en cierto modo, tengo también que reconocer que sentí un alivio muy grande. Estábamos en la tumba y de pronto, ¡no!

Como susto está bien, a mis 15 años ya había vivido el asunto de las Vacas Locas, el puto eclipse, poco después el 11-S, tres años después, el horror del 11-M y una posible rebelión de las máquinas contra la humanidad. Creo que era más que suficiente en escasos tres lustros de vida. Pero lo gracioso es que esto no había hecho más que empezar.

Lo normal es que la naturaleza reclame su sitio en el planeta, ya que somos los responsables directos de destruirlo. No me extrañaría que esto no haya sido más que otro intento de ésta para mantener su propia supervivencia, como nos mostró el genio infravalorado, M. Night Shyamalan en su película El Incidente (2008). Porque lo real de todo esto, es que la contaminación ha bajado. La subnormalidad no, pero están encerrados en sus casas y la verdad es que se agradece.

En la historia del cine y la literatura hemos encontrado infinidad de títulos en los que nos definen cómo es encontrarnos en esta situación de desprotección frente a algo que no podemos ver. Lo curioso es que tiene mucha similitud al cine de Invasiones Ocultas, del que ya os hablé hace algún tiempo, antes de todo esto. Al igual que durante la Guerra Fría en EEUU se generó ese miedo al comunismo por parte del gobierno de Joseph McCarthy, donde dominó lo absurdo y la ranciedad, hoy tenemos la amenaza de algo que podría estar en cualquer individuo y puede transmitirlo.

Hemos pasado de ser seres sociables a temer al prójimo. A odiar a quien tose cerca de ti en el transporte público, en la calle, en la panadería. Cualquiera podría estar infectado y tu supervivencia es más importante que la de cualquer otro, por supuesto. Como es costumbre en la condición humana, el primer paso ante cualquier situación de riesgo, es precisamente lo opuesto: la deshumanización. Gente que salía de sus residencias para acudir a otras, tomándose todo esto como unas vacaciones no programadas y transmitiendo el virus allá donde iban. Porque si bien existen ciudadanos de primera y de segunda, los de primera, siempre se las va a sudar los otros, porque la historia de la humanidad, así lo ha desmostrado siempre.

Si hay algo que nos puede ayudar a soportar este enjaulamiento, es el cine. En muchas ocasiones se han creado auténticas joyas del séptimo arte donde se adelantaron a todo esto y nos regalaron maravillas, muchas de ellas extraídas de la literatura que nos pueden ayudar a entender mejor este momento que estamos viviendo.

Es por ello, que he realizado una selección de películas que ya nos hablaron de los peligros de enfermedades. Unas buenas y otras no tanto, pero que cumplen con este propósito. Ahí van.

PÁNICO EN LAS CALLES


Pánico en las calles (1950) de Elia Kazan.
Una de las joyas del cine negro que debería salir a relucir en estos tiempos. Nos narra la historia en los barrios bajos de New Orleans, donde unos amigos asesinan a un hombre que les ganó a las cartas. Al descubrirse que la víctima era portadora de la Peste neumónica, es muy probable que los asesinos de éste hayan sido contagiados y puedan estar propagando la enfermedad, Clint y el capitán de policía Tom Warren, deberán descubrir y aislar a los asesinos, y así iniciar una carrera a contrarreloj y en secreto para evitar que cunda el pánico antes de 48 horas. Un interesante thriller a tener muy en cuenta.



LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA


La amenaza de Andrómeda (1971) de Robert Wise.
Inspirada en la novela de Michael Crichton. Un libro algo pesado de leer por tener mucho lenguaje técnico médico, al igual que su versión cinematográfica, en la que nos narra la investigación de una cura de un virus extraterrestre que llegó en una sonda espacial y que al contacto con los seres vivos coagula la sangre rápidamente, provocando la muerte. Es un exquisito viaje a las entrañas de un laboratorio de investigación que, pese a resultar en ocasiones tan pesado de seguir como su versión literaria, es tan interesante como didáctico. Tuvo un reemake en formato miniserie en el año 2008 que fue un absoluto fracaso.



RABIA


Rabia (1977) de David Cronenberg.
El director canadiense, ya conocido por sus películas de ciencia ficción con secuencias podersas visualmente, como fue posteriormente La Mosca (1986), nos dejó una pieza muy interesante. Nos narra la historia de Rose, una mujer que tras sufrir un accidente, es ingresada en la Clínica Keloid, centro especializado en cirugía estética. Es allí donde le aplican una técnica experimental, con resultados desastrosos. Una insaciable sed de sangre comienza a emerger en ella, así como un extraño apéndice en su axila, por donde extraerá la sangre a sus víctimas que son infectadas inmediatamente con una siniestra rabia que les lleva a cometer asesinatos. Una maravilla del gore de la época de manos de uno de los grandes maestros. Merece darle una oportunidad.



THE CRAZIES


The Crazies (1973) de George A. Romero.
Una película muy representativa con los tiempos que corren, con una amenza biológica en un pueblo de Pennsylvania. Las personas infectadas con este virus se convierten en violentos asesinos, y el ejército es enviado a contenerlos. El padre de los zombies cinematográficos tuvo un pequeño resbalón con este título poco conocido, pero, pese a no ser ninguna maravilla para el estilo del maestro Romero, pero no deja de ser digna de ver en estos tiempos que corren. También tuvo en reemake en 2010 igual de olvidable del director Breck Eisner. Sí, el mismo que nos trajo ese horror llamado Sahara.


ESTALLIDO



Estallido (1995) de Wolfgang Petersen.

El director que nos regaló Enemigo mío (1985), nos trasladó a África, donde un virus similar al Ébola está matando a la población de Zaire, actualmente llamado República Democrática del Congo. El ejército opta por tomar la medida de bombardear toda la zona para evitar al propagación. Poco después, descubren que un mono, portador de dicha enfermedad, está a bordo del barco que se dirige a EEUU, así como las personas que estuvieron expuestas, presentan síntomas. Dustin Hoffman y René Russo tendrán que hacer frente al problema en esta película que, en mi opinión, es interesante, pero algo carente de alma, ya que no acaba de transmitir todo lo que debería en un asunto tan grave como el que nos intentan mostrar.



12 MONOS


12 monos (1995) de Terry Gilliam.
Al igual que la anteriormente mencionada, el mismo año llegó a las carteleras de los cines esta película futurista y postapocalíptica. Tras una pandemia mundial por un peligroso virus, los supervivientes han sido refugiados en el subsuelo, en comunidades subterráneas. Un prisionero llamado James Cole, se ofrece voluntario para hacer un viaje en el tiempo al pasado y así avertiguar qué ocurrió antes del desastre. 
Personalmente, considero que ésta es una de esas películas en las que nunca he entendido el éxito entre miles de fans. Es un producto soporífero, aburrido e insoportable. Nunca he sido fan de Terry Gilliam, lo reconozco, ni la polémica Miedo y asco en las Vegas despertó en mí el más mínimo interés. He tenido siempre la impresión de que el mito de la generación yuppie a mediados de los 90 ha hecho más por esta película que el producto en sí mismo por el espectador.
También tuvo una serie a modo reemake en 2015 del cual no pude ir más allá del primer capítulo.



28 DÍAS DESPUÉS


28 días después (2002) de Danny Boyle.
Reino Unido también quiso formar parte a principios del nuevo milenio en el género infectados. El director que no dejó películas com Trainspotting, quiso mostrar un Londres devastado por una epidemia que había asolado a toda Inglaterra a causa de la liberación de unos animales de laboratorio por un grupo de ecologistas. Cillian Murphy encarna al protagonista de esta inusual carrera por la supervivencia llena de sangre y zombies rápidos que pondrán los pelos de punta a más de uno.
Tuvo una secuela llamada 20 semanas después en 2007 dirigida por el director español Juan Carlos Fresnadillo y protagonizada por Robert Carlyle. Recomendada si te gustó la original.




EL INCIDENTE


El incidente (2008) de M. Night Shyamalan.
Una serie de extraños suicidios se extiende por una de las principales ciudades de EEUU. Nadie entiende qué está llevando a las personas a cometer tales acciones. 
Antes he hecho mención a esta película que en un principio no pensaba incluir, pero creo que es de recibo hacer una mención sobre ella, ya que pertenece a uno de esos filmes que no se le juzgó en su momento como debería, no por la calidad en sí misma de la película, sino por el impacto que pudo tener una idea bastante sólida e interesante. La naturaleza es sabia y tiene muy claro quienes son los responsables de destruirlo, por eso tiene que hacer algo. Lo intrigante y sensacional es el verdadero desenlace y motivo de todo el entramado que nos mostró Shyamalan en esta interesantísima obra que pasó tristemente sin pena ni gloria por las salas de cine, pero que tenía mucho más que decir que lo que en un principio pensaron los espectadores, (que no la crítica en su mayoría), que no la aceptaron con lo que es.



CONTAGIO


Contagio (2011) de Steven Soderbergh.
Es posible que aquí toquemos la fibra sensible, ya que es una de esas películas que retrata de manera más veraz y representativa lo que está ocurriendo ahora mismo con el COVID-19. Soderbergh, que ya experimentó con el género de enfermedades en Erin Brockovich, nos trae esta historia, con un reparto de lujo sobre la pandemia mundial, también de comienzo en China, (Hong Kong en esta ocasion), y con una muy elevada letalidad. Si bien es cierto que esta infección es más peligrosa que la que nos estamos enfrentando ahora mismo, no deja de ser significativo la muestra de cómo se propaga este mal a lo largo y ancho del planeta. Imprescindible visionado para entender cómo y porqué estamos como estamos, cómo el miedo y la histeria colectiva se apodera de todo y ver la realidad del comportamiento humano al que, lejos de la pantalla, estamos siendo testigos en estos momentos, para ver que Soderbergh no exageraba demasiado.



 [•REC]

[•REC] (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Si hablamos de enfermedades y sus contagios, no podía dejar fuera una de las más icónicas del cine español de terror en los últimos años. Los directores Plaza y Balagueró se unieron para mostrarnos un edificio del centro de Barcelona donde comenzaron a ocurrir sucesos inexplicables de violencia. La periodista, Ángela (Manuela Velasco), está realizando un reportaje sobre los bomberos de la ciudad, que reciben una llamada de emergencia. Es cuando acuden al interior, siendo retenidos poco después sin poder salir junto a los vecinos, poniendo el bloque en cuarentena cuando descubren que un peligroso virus se encuentra dentro y que convierte a las personas en dementes asesinos. 

Rodada cámara en mano, toma la atmósfera de falso documental y crea veracidad en todo lo siniestro que allí dentro acontece. Una joya que no os podéis perder. Su segunda parte, [•REC] 2, revela más secretos y continúa donde quedó la anterior. También merece un visionado. Pero tengo que reconocer que yo sentí debilidad por su tercera parte, [•REC]³: Génesis (2012), llevada a la pantalla como un spin-off de las anteriores y dirigida unicamente por Paco Plaza. En esta ocasión, nos muestra una boda en la que se desata el caos al entrar un infectado a causa de la mordedura de un perro, que tiene mucho peso en la saga. A ritmo y estética de Serie B clásica, es una delicia para los espetadores amantes del género. De cuarta y última parte, mejor no hablemos, porque es sin duda, la gran olvidada, y con razón.



Estos son, a mi juicio, algunos títulos a tener en cuenta. No todos necesariamente buenos o interesantes, como habéis podido observar, pero sí lo suficientemente relacionados con la temática que ahora prima sobre cualquer otra. Muchos pensaréis que bastante tenemos como para recordarlo más, y quizá tengáis razón, pero es un momento para reflexionar, sacar conclusiones y, por qué no decirlo, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. ¿Por qué no intentar sentarnos, apagar el teléfono móvil y disfrutar de una buena sesión de cine? Para bien o para mal, estos han dejado alguna huella en mi memoria, hay muchos más, claro que sí, pero no quería adentrarme en el género zombie, que hubiera sido más extenso, tampoco en el de enfermedades en general, que también habría dado para más. Un pequeño destello de los más cásicos, como recuerdo, bajo mi punto de vista, que no tiene que coincidir con el tuyo, que me estás leyendo. Por eso hago un llamamiento a que comentes aquí debajo tu opinión y tus títulos favoritos, así como la posibilidad de insultar al autor por su mala puntería en todo esto.