Expediente Altramuz - Especial saga Chucky: Muñeco Diabólico

Expediente Altramuz

Especial saga Chucky: Muñeco Diabólico




Más de treinta años después, Chucky sigue siendo uno de los iconos más amados por los fans del género del cine de terror. Ha llegado el momento de dedicarle un programa entero a su saga original, con los datos más curiosos de las películas, el creador, Don Mancini y el polémico remake de 2019, así como la serie que verá la luz en 2021.


Todo esto y mucho más en nuestro programa especial: Muñeco Diabólico.

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Expediente Altramuz - La crisis del cine durante la pandemia

Expediente Altramuz

La crisis del cine durante la pandemia


 Mucho tiempo después regresamos para pasar informe a la actualidad y hablando de politiqueo, por supuesto, desde nuestro punto de vista, que es el único válido. Además, hablamos sobre el cine en los tiempos de pandemia del COVID-19. ¿Se hunde la industria? ¿Qué solución tendría? Esto y algunos temas más, en esta edición random del programa.

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En algunas zonas de España se inicia el toque de queda con la alarma de La Purga

 En algunas zonas de España se inicia el toque de queda con la alarma de La Purga

En el año 2013 llegaba a nuestras pantallas la polémica película: The Purge: La noche de las bestias, de mano del director James DeMonaco, en la que nos mostraban una sociedad prácticamente distópica y putrefacta donde una noche al año, el crimen era legal. Bajo la premisa de que el ser humano es violento por naturaleza, a diferencia de la afirmación de Jean-Jacques Rousseau, necesita desfogarse, sacar a flote los instintos primarios y realizar todas aquellas actividades que no pueden hacer en una sociedad civilizada. Es por ello, que se reduce el crimen en un porcentaje considerable el resto del año, pero esa noche se desata hasta niveles totalmente desproporcionados. Al sonal la siniestra sirena de inicio, eres víctima o verdugo hasta el amanecer. 

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Cobra Kai y el regreso al pasado por DaviOne

 Cobra Kai y el regreso al pasado

Son ya muchas veces las que en el pasado dije, tanto en la radio como en anteriores artículos, que la nostalgia vende bien. Vivimos en una época convulsa, ya no en los últimos meses, cuando nos azotó con dureza la pandemia del COVID-19, sino que podría hablarse de hace bastante más, concretamente unos veinte años. El año 2000 no sólo fue un punto de inflexión donde todo empezó a tomar un aire diferente. La tecnología ha avanzado muchsímo en estas dos últimas décadas, casi ni somos conscientes de la velocidad a la que cambian nuestras vidas y lo mucho que los hábitos varían. Es cierto que poco antes, en los 90´s, ya asomaban ciertos aspectos de innovación, pero todavía quedaba algo de épocas anteriores, cuando los teléfonos móviles eran posesión de unos pocos y eran máquinas sosas y aburridas que sólo servían para hacer llamadas, caras, por cierto, ya que entre fijos y móviles, si lo recordáis, se diferenciaban las tarifas. Poco después, los SMS se instauraron como un nuevo sistema de comunicación, y fue evolucionando más con la llegada de Internet y los smartphones. Sí, ya hablábamos a distancia mediante texto, el MSN Messenger existía, pero se limitaba a ciertos lugares con un ordenador y conexión a la red. Te ibas de casa o salías de tu habitación y eras libre. No éramos conscientes de esa libertad, ya que no habíamos conocido otra manera de vivir: "quedamos a las seis en Callao", y ahí estabas tú, esperando a los que llegaban tarde, buscándolos por todas partes si no aparecían y, en definitiva, rezando porque no te dejaran vendido sin avisar horas antes. Como decía, los tiempos han cambiado. Incluso la manera de concebir la vida y las costumbres. Veo a gente en el cine hablando por Whastapp o grabando conciertos bajo el escenario, desconectando de la actividad en sí por la que han pagado para informar a sus followers de Instagram de lo guay que se lo están pasando. Hemos convertido el hecho de nuestro propio disfrute en una pantalla abierta a las demás personas para hacer ver que estamos "disfrutando" de algo sin realmente llegar a hacerlo. En definitiva: nos preocupa más aparentar que complacerse. Las redes sociales se han convertido en laberintos de identidad donde cada uno vende y expone su intimidad a cambio de likes, moneda anímica con la que te pagan, mientras los propietarios de dichas plataformas se enriquecen gratiutamente con tu contenido. Es como si escribes un libro, y tú, lejos de cobrar por sus ventas, no te llevas nada y la editorial se guarda toda la pasta. Más o menos así, pero con tu vida, tu familia, amigos o mascotas. Da mal rollo.

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