Exorcismo en Georgia - por Raquel Polo

Exorcismo en Georgia - Por Raquel Polo



Lo primero que hay que analizar en “Exorcismo en Georgia” ("The Haunting in Connecticut 2: Ghosts of Georgia") es, sin lugar a dudas, el título de la película: ¿dónde se supone que está el exorcismo? Y también, importante, el poster: ¿qué leches tiene que ver con la película?

Porque en esta nueva entrega de exorcismos (y van…), segunda parte de aquél otro “Exorcismo en Connecticut” (¿había algún exorcismo en esa?), parece que se olvidan de qué va la propia película. Quizás podríamos atribuir esto a un error o inadecuación en la adaptación del título a otros países, algo que suele ser muy común y bastante aberrante en algunos casos, pero es que visionando la cinta, caemos en la cuenta de que va más allá de una simple transcripción.

¿Y qué le sucede en esta ocasión a esa familia media americana con ganas de emprender una nueva vida? Que primero deberían contratar un sacerdote antes que una hipoteca, porque visto lo visto, no sólo el banco te puede echar de tu casa. 


Esta vez, son los Wyrick los que se mudan a una vieja finca en el campo, gracias a la gran oferta que han conseguido en su entidad bancaria. Lisa (Abigail Spencer), toma pastillas para combatir sus visiones, pero lo que no sabe es que su hija Heidi (Emily Alyn Lind) posee el mismo don que ella y que su hermana Joyce (Katee Sackhoff), quien anima a su sobrina a no ocultarlo. Mientras tanto, la niña conocerá al Sr. Gordy (Grant James), último dueño de la casa que destapará toda la historia durante la guerra de Secesión, con el Jefe de Estación y los esclavos. También anda por ahí el padre, Andy (Chad Michael Murray), cuya única aportación parece ser meterse con su cuñada y exponer a su hija continuamente a peligros mandándola esperar en lugares inadecuados.


Su director, Tom Elkins (“El código Da Vinci”), nos trae una segunda parte que no tiene ningún tipo de continuación con la anterior, y que es bastante más deficiente, tanto a la hora de dirigirla, con una planificación que no aporta nada, siguiendo las pautas básicas de la escuela, y que adelanta sin pretenderlo (espero) los pocos golpes de efecto que podrían salvarla, como a la hora de interpretar un guión del recién estrenado en cine David Coggeshall por un elenco más bien plano, que tienen mucho que aprender de Madsen y compañía en su casa de Connecticut. Flaco favor también le hacen los efectos visuales, ya no sólo por el exceso, sino por el aburrimiento que supone que sean simplemente por estética, al igual que esos intentos de cambio de ritmo con montajes paralelos no justificados y con efectos de sonido en las voces en off que pueden tender a confundir al espectador.


Lo único que se logra sacar en claro de esta rara mezcla de drama familiar, historias de fantasmas  (bien podría ser otro capítulo de la conocida serie “Entre fanstamas”) y hombre del saco con máscara incluida a lo psychokiller, es que simplemente busca recaudar dinero en base a la ley del mínimo esfuerzo, y que la niña protagonista probablemente terminará con un trauma de abandono gracias a sus padres. Tan terrible como la crisis económica está siendo la crisis de ideas para nuestras pantallas y de nuevo se evidencia con producciones de este tipo.


Por lo tanto, teniendo en cuenta que de nuevo se están poniendo de moda los exorcismos y los fantasmas, recomiendo antes títulos como “Expediente Warren” o “Insidious 2”, que está cerca de estrenarse en nuestras carteleras. Y si no, lo mejor es recurrir al origen, ese gran clásico que nos dejó frases tan célebres como “¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?” (“You know what she did? Your cunting daughter!”), con la excelente y escalofriante música de Tubular Bells. Sí, señoras y señores, la única e inimitable, “El Exorcista”.
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