X-men Orígenes: Lobezno - Por Raquel Polo

X-men Orígenes: Lobezno - Por Raquel Polo




Aprovechando el estreno de “Lobezno Inmortal”, vamos a retomar la antecesora de este film de acción protagonizado por Hugh Jackman (sí, efectivamente, el hombre más sexy del mundo según la revista People): “X-Men Orígenes: Lobezno”, de 2009.
Al finalizar la primera etapa de la saga de X-Men allá por el año 2006, los seguidores de estos mutantes con sorprendentes poderes esperaban con gran deseo que llegase la precuela de este rudo fortachón con cara de pocos amigos. Y bien lo sabían los ejecutivos de la FOX y el propio Jackman, que puso capital de su propio bolsillo para tener un poco más de control sobre su personaje, total protagonista de esa nueva entrega, centrada en el pasado de Logan y los pasos que le llevaron a convertirse en el hombre de adamantium.

Sonado fue el escándalo por la copia ilegal que se filtró en Internet y que produjo más de un disgusto a los productores, pero que no quitó expectativas sobre todo lo que prometía una de las películas más esperadas de aquella temporada, dirigida por Gavin Hood, ganador del Oscar por su película “Tsotsi”.
Tras una breve reminiscencia a la infancia de Lobezno, donde el pequeño Jimmy sufre el hecho traumático indispensable en cualquier individuo que se precie para llegar a convertirse en un héroe (podríamos pensar en Peter Parker en el transcurso de esa escena) y unos títulos de crédito propios de la factoría Marvel y que se merecen un breve apunte por su estética y su forma efectiva de enlazar las guerras más importantes de la historia mundial desde el siglo XIX, empieza una cinta llena de trepidante acción, con un presupuesto que se nota a la hora de apreciar los efectos especiales y en la que Jackman luce el palmito (que para algo tiene tan entrenados esos músculos).

El guión, que intenta mezclar acción y romanticismo dramático, es sencillo y bastante lineal, con alguna laguna que otra (como suele pasar en este tipo de precuelas) que se salva mientras el espectador esté atento a las garras del protagonista, enfrentándose él solito a helicópteros de combate y a su hermanísimo antagonista, Víctor Creed, más conocido como Dientes de Sable (interpretado esta vez por Liev Schreiber). Sí bien es verdad que estas peleas se hacen predecibles a partir del momento en que Lobezno se pone a gruñir y saca sus armas gritando el nombre de Víctor, en cada una de ellas se incorpora un nuevo elemento que las hace más dinámicas.

Uno de esos elementos es el entrañable Gambito, personaje mítico del cómic de la Marvel y que decidieron rescatar brevemente (su presencia se hace espectacular pero insuficiente, dejando con ganas de más al espectador, que puede pensar que sirve de excusa para preparar otra precuela interpretada por Taylor Kitsch) como factor de ayuda para Logan en su búsqueda de la “Isla de los Mutantes”. Otro. es la batalla final contra Wade Wilson (Ryan Reynolds, marcando pectoral en competencia directa con Jackman).
Encontramos un punto de giro no muy predecible y bastante efectivo en la historia de amor con Kayla (Lynn Collins), cuyas escenas quizás puedan parecer incluso lentas comparadas con esos saltos sacados de la película de “Matrix”, intercaladas con magníficos planos de exteriores. Y es justamente por su amada por lo que Lobezno empieza una cruzada contra Víctor y el Coronel Stryker (Danny Huston), encontrando en su camino a mutantes nuevos y viejos conocidos durante su época de pubertad, como un Cíclope adolescente o una Tormenta que aparece de refilón durante su niñez.
En definitiva, “X-Men Orígenes: Lobezno” da lo que promete: acción a raudales, un antihéroe con mal carácter que en el fondo es un trozo de pan, escenas que se quedan en la retina del espectador y puntos de humor que sacan la sonrisa y aligeran las casi dos horas de duración; y por supuesto, indispensable si se uno se quiere pasar un buen rato este verano con su segunda parte.
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