Expediente Altramuz - Especial saga Chucky: Muñeco Diabólico

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Especial saga Chucky: Muñeco Diabólico




Más de treinta años después, Chucky sigue siendo uno de los iconos más amados por los fans del género del cine de terror. Ha llegado el momento de dedicarle un programa entero a su saga original, con los datos más curiosos de las películas, el creador, Don Mancini y el polémico remake de 2019, así como la serie que verá la luz en 2021.


Todo esto y mucho más en nuestro programa especial: Muñeco Diabólico.

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Expediente Altramuz - La crisis del cine durante la pandemia

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La crisis del cine durante la pandemia


 Mucho tiempo después regresamos para pasar informe a la actualidad y hablando de politiqueo, por supuesto, desde nuestro punto de vista, que es el único válido. Además, hablamos sobre el cine en los tiempos de pandemia del COVID-19. ¿Se hunde la industria? ¿Qué solución tendría? Esto y algunos temas más, en esta edición random del programa.

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En algunas zonas de España se inicia el toque de queda con la alarma de La Purga

 En algunas zonas de España se inicia el toque de queda con la alarma de La Purga

En el año 2013 llegaba a nuestras pantallas la polémica película: The Purge: La noche de las bestias, de mano del director James DeMonaco, en la que nos mostraban una sociedad prácticamente distópica y putrefacta donde una noche al año, el crimen era legal. Bajo la premisa de que el ser humano es violento por naturaleza, a diferencia de la afirmación de Jean-Jacques Rousseau, necesita desfogarse, sacar a flote los instintos primarios y realizar todas aquellas actividades que no pueden hacer en una sociedad civilizada. Es por ello, que se reduce el crimen en un porcentaje considerable el resto del año, pero esa noche se desata hasta niveles totalmente desproporcionados. Al sonal la siniestra sirena de inicio, eres víctima o verdugo hasta el amanecer. 

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Cobra Kai y el regreso al pasado por DaviOne

 Cobra Kai y el regreso al pasado

Son ya muchas veces las que en el pasado dije, tanto en la radio como en anteriores artículos, que la nostalgia vende bien. Vivimos en una época convulsa, ya no en los últimos meses, cuando nos azotó con dureza la pandemia del COVID-19, sino que podría hablarse de hace bastante más, concretamente unos veinte años. El año 2000 no sólo fue un punto de inflexión donde todo empezó a tomar un aire diferente. La tecnología ha avanzado muchsímo en estas dos últimas décadas, casi ni somos conscientes de la velocidad a la que cambian nuestras vidas y lo mucho que los hábitos varían. Es cierto que poco antes, en los 90´s, ya asomaban ciertos aspectos de innovación, pero todavía quedaba algo de épocas anteriores, cuando los teléfonos móviles eran posesión de unos pocos y eran máquinas sosas y aburridas que sólo servían para hacer llamadas, caras, por cierto, ya que entre fijos y móviles, si lo recordáis, se diferenciaban las tarifas. Poco después, los SMS se instauraron como un nuevo sistema de comunicación, y fue evolucionando más con la llegada de Internet y los smartphones. Sí, ya hablábamos a distancia mediante texto, el MSN Messenger existía, pero se limitaba a ciertos lugares con un ordenador y conexión a la red. Te ibas de casa o salías de tu habitación y eras libre. No éramos conscientes de esa libertad, ya que no habíamos conocido otra manera de vivir: "quedamos a las seis en Callao", y ahí estabas tú, esperando a los que llegaban tarde, buscándolos por todas partes si no aparecían y, en definitiva, rezando porque no te dejaran vendido sin avisar horas antes. Como decía, los tiempos han cambiado. Incluso la manera de concebir la vida y las costumbres. Veo a gente en el cine hablando por Whastapp o grabando conciertos bajo el escenario, desconectando de la actividad en sí por la que han pagado para informar a sus followers de Instagram de lo guay que se lo están pasando. Hemos convertido el hecho de nuestro propio disfrute en una pantalla abierta a las demás personas para hacer ver que estamos "disfrutando" de algo sin realmente llegar a hacerlo. En definitiva: nos preocupa más aparentar que complacerse. Las redes sociales se han convertido en laberintos de identidad donde cada uno vende y expone su intimidad a cambio de likes, moneda anímica con la que te pagan, mientras los propietarios de dichas plataformas se enriquecen gratiutamente con tu contenido. Es como si escribes un libro, y tú, lejos de cobrar por sus ventas, no te llevas nada y la editorial se guarda toda la pasta. Más o menos así, pero con tu vida, tu familia, amigos o mascotas. Da mal rollo.

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Rocky: Boxeo y política por DaviOne

ROCKY: BOXEO Y POLÍTICA


Hace ya bastantes años que por desgracia no hay gran afición pugilística en España. Pese a ser un deporte que cuenta con muchos más años a sus espaldas, los principios y mediados del siglo XX fueron los que marcaron la época dorada del box, con combates para la historia y nombres propios como: Sugar Ray Robinson, quien amargó a Jake LaMotta en varias ocasiones, Rocky Marciano, campeón de los pesos pesados que se retiró sin ser derrotado ni una sola vez, y que defendió el título hasta en seis ocasiones. Desde Cassius Clay, medaillista de oro en los juegos olímpicos de Roma en 1960, y que se renombró a Muhammad Ali al iniciarse al Islam, dejando combates tan bellos como el que disputó en Manila contra Joe Frazier en su tercer enfrentamiento. Es complicado rescatar el carisma de aquellos luchadores, ya que a día de hoy no parece haber ídolos fuertemente marcados, en especial para la juventud, o para personas que no conocen ni entienden un deporte como éste, y que lo catalogan de violento, e incluso inhumano, cuando en realidad, en su mayoría, junto con el Rugby, (que no American football), goza de una distinción y una nobleza que ya le gustaría a cualquer jugador de fútbol. La saga Rocky pertenece a aquella época de admiración a los grandes boxeadores. Poco después veríamos rostros tan conocidos como: Poli Díaz, a nivel nacional, Mike Tyson y más adelante: Manny Pacquiao o actualmente, Anthony Joshua, quien también fue derrotado por Andy Ruiz Jr, púgil californiano de ascendencia mexicana, en uno de los combates más apoteósicos que recuerdo en los últimos años.
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Mujeres y Hombres y Viceversa: El legado de la subnormalidad

Telebasura: Mujeres y Hombres y Viceversa: El legado de la subnormalidad


Hace algún tiempo escribí sobre este lamentable espacio televisivo que nos regala la cadena Telecinco, como no podía ser de otra manera. El artículo de la sección Telebasura, iba por un camino de crítica destructiva, a la par de desahogo, quizá intentando arrancar con un poco de humor toda la ira que me produce este tipo de "shows" que, lejos de considerarlos ni lejanamente éticos, se emiten en horario infantil sin ningún tipo de pudor, cuando otros contenidos son exiliados a la madrugada o directamente censurados, cuando en mi opinión, me parecen mucho menos graves que este repugnante programa. Esta vez quiero hacer algo diferente, y explicar, bajo mi punto de vista, lo que es o no es. Lo que puede aportar, o lo que puede producir, una nueva vuelta a lo que ya se había escrito sobre la cima de la Telebasura española.

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LA MALDICIÓN DE SUPERMAN





Superman, además de ser el primer superhéroe creado en la historia del comic americano, es el personaje más popular de la conocida editorial DC Comics, por este motivo y por la galería de poderes de la que hace gala el hombre de acero, son sus historias las que más número de veces se han adaptado al formato audiovisual, tanto para la pequeña como para la gran pantalla.

Misión complicada y porque no decirlo, también muy arriesgada. Y es que el llevar sobre la espalda el rol de este personaje les ha traído históricamente a sus actores más de un quebradero de cabeza, hasta el punto de hablar de una maldición que afecta a todo aquel que se arriesgue con dicho cometido.

A continuación, procederemos a repasar a todo actor que se ha puesto en la piel del personaje:

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¿El final de Los Simpson?

¿El final de Los Simpson?



La familia más conocida de la animación norteamericana y posiblemente la mejor serie del género en toda la historia de la televisión es también a su vez una de las más longevas. No conozco a nadie que me pueda hablar mal de Los Simpson, al menos en sus inicios, cuando todavía residía en los más altos peldaños de la fama y de las comedias televisivas más ácidas de la década de 1990.
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Mutilaciones en el cine - Parte 2: Aspect Ratio

Mutilaciones en el cine

Parte 2: Aspect Ratio


Continuamos con nuestros artículos especiales en los que hacemos un repaso a las distintas formas de mutilar grandes obras atemporales del cine. En esta ocasión vamos a centrarnos y hablar de todo lo referente a los formatos de imagen, para ello comenzaremos viendo cómo ha evolucionado este aspecto a lo largo del tiempo.
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Expediente Altramuz - Para ser mujer eres bastante graciosa, con Virginia Riezu

Expediente Altramuz

Para ser mujer eres bastante graciosa,

con Virginia Riezu

 
Para ser mujer eres bastante graciosa es el nombre del espectáculo de Virginia Riezu. Lleva años en el mundo de la interpretación, pero decidió combinarlo con la comedia y dar el salto al Stand Up Comedy. ¡Menudo acierto!

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Expediente Altramuz - Traumas, profesores de gimnasia y Chiringuito de Jugones - Pandemia Edition #5

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #5: Día 48

 

Día 48

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Mutilaciones en el cine - Parte 1: Cine coloreado

Mutilaciones en el cine

Parte 1: Cine coloreado


Tanto el cine como cualquier formato audiovisual son formas de expresión artísticas, incluso series o películas lanzadas directamente para televisión o a las cada vez más en boca de todos, plataformas de streaming. Uno de los problemas de estas formas de expresión, es que también son un negocio, pero en esta ocasión no quiero hablar de productores o directivos varios de grandes productoras cinematográficas metiendo el hocico en el trabajo argumental y de personajes de sus producciones, si no de otra práctica que a lo largo de las décadas quizá haya pasado más desapercibida, pero que también ha hecho mucho daño a obras ya finalizadas y exhibidas con anterioridad, hablo de la edición de cintas en cualquiera de sus formas, ya sea para adaptarlas a los nuevos formatos de reproducción o visionado que han ido surgiendo con los años o incluso de la forma más rastrera, para hacer pasar al consumidor nuevamente por caja. Empecemos antes con un repaso por la historia del color en el cine.
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Diario del fin del mundo, el aplauso por DaviOne

Diario del fin del mundo

-El aplauso-


Son muchos días de encierro en casa, es normal que las ideas que antes no rondaban en nuestra cabeza de manera habitual, resuciten. Estamos en una situación que nuestra historia reciente no ha conocido, es más, ni siquiera nos planteábamos que pudiera ocurrir. Nunca he sido propenso a las teorías de las conspiración más allá de las políticas o económias, y siempre he pensado que gente como los Terraplanistas son sencillamente gilipollas. Son tiempos difíciles y complicados de digerir, pero algo me dice que en un futuro, alguién tendrá que dar cuentas y explicaciones de por qué ha ocurrido esto y quién está detrás de todo. Personalmente, siempre he tenido aversión al negocio de la salud, así como las farmaceúticas. No me entra en la cabeza que una solución por el bien, ya no de un país, si quieren ponerse patriotas, sino del mundo entero, esté en manos de unos laboratorios privados y que viven de patentes y de las enfermedades de seres humanos. Es espeluznante que el precio de una vida se decida en una sala de reuniones con gente trajeada, ¿verdad? Pues así es como funciona el mundo, y no es precisamente alentador.

Hace ya varias semanas que nos hemos hecho a la idea de que el confinamiento domiciliario era algo necesario, aunque costó. No todo el mundo parece darse cuenta de la gravedad de la situación, y en el infnito egoísmo de la sociedad, reside la respuesta de por qué estamos como estamos y los motivos por los que probablemente sigamos estándolo en el futuro. Lo curioso, es que si lo analizas con detenimiento, hay un patrón común entre la gran mayoría de aquellos que abandonan sus casas para lanzarse a la carretera a sus segundas residencias. No es difícil dar en el clavo cuando descubres que son los mismos que deciden salir al balcón o a las ventanas a dar el aplauso de rigor todos los días a las 20:00h, aunque ahora les ha dado por empezar a las 19:58, (no lo entiendo, el caso es hacerlo todo mal). Se realiza de manera automática para apoyar al personal sanitario que trabaja duro para salvar vidas. Es un gran momento para volver a algo que parecía ya olvidado y desempolvar aquellas banderas patrias que tanta mierda estaban cogiendo en el cajón del olvido, junto a la baraja de cartas del Mus. En ocasiones se acompaña con el himno de España, que es muy útil para que sepas, por si no recordabas, en qué país estás y vives, en mi caso, desde hace poco más de treinta años.

También se pusieron un día de acuerdo para hacer una cacerolada contra el Gobierno y, en especial, a Pablo Iglesias, alias: El Coletas. Ya sabéis que es el principal responsable de esta crisis sanitaria, porque en su chalet de la sierra de Madrid, tiene un laboratorio secreto con acceso directo a Racoon City, donde los comunistas a parte de quemar iglesias y comer bebés, también crean enfermedades para la guerra biológica. Mola mucho hacer cosas de este tipo, ya que crea una hermandad con tu vecino, el de la pulsera de la rojigualda. Lo curioso, es que si este aplauso va dirigido a los sanitarios, (al menos era la idea desde un inicio), ahora se abarque: Guardia Civil, policía, ejército y, por supuesto, Amancio Ortega, un empresario que siempre cotiza en España y que jamás ha defraudado ningún milloncejo por ahí, ha hecho un esfuerzo enorme gastándose un dineral en material sanitario por el bien de la nación. El circo está servido y cada uno que lleve esto como guste, como si quiere aplaudir al Oso Yogui. Me da igual. Pero deberían ser coherentes con lo que piden y, en especial, con lo que apoyan y defienden, básicamente porque no tiene sentido apoyar a partidos y personas que su objetivo número uno es privatizar la sanindad que nos está salvando y recortar en infraestructuras, (como ya pasó con los antiguos gobiernos del Partido Popular), personal sanitario y medios. Que Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida, alias Carapolla, estén dando sus discursos populistas, y medios como La Sexta, ese supuesto gigante de izquierdas y bolchevique, blanqueen sus caras de mano de Cristina Pardo o Ferreras, no los convierte en héroes, al igual que tampoco lo son los futbolistas bajándose los sueldos o aceptando ERTES de buena, o mala gana en este caso, como cualquer ciudadano. Es vuestra obligación y ya está. Pero volviendo a las incongruencias, ese aplauso que en un principio me representaba, me fue asqueando progresivamente. Porque al igual que no me siento cómodo junto a un maltratador machista o un defraudador de impuestos, no puedo salir a la ventana a participar de un show que se ha ido contaminando, tanto ideológicamente como moralmente. No me sale. No digo que no deban hacerlo, ni que tengan unos más derechos que otros para dar esa energía que tanto se necesita, solo intento entender por qué lo hacen y los motivos que les llevarán a olvidarse cuando todo esto pase y acudan a los colegios electorales con la misma papeleta en la mano. De verdad, llevo días dándole vueltas y no doy con la respuesta.

Es un hecho sabido por todos que el gobierno no actuó correctamente desde un principio, y no aprendimos nada de los vecinos italianos. Creo que es el momento, no de juntar fuerzas, sino de no dar por culo desde las instituciones y partidos poíticos de oposión. La derecha nunca ha soportado que la izquierda gobernase, es algo superior a sus fuerzas, pero tampoco entiendo que en una situación tan grave como la que estamos viviendo, no solo no sean capaces de intentar sumar, (como sí está ocurriendo en otros paises), es que están aprovechando el momento de hacer política hablando de la muerte de miles de personas, que es, junto con el apoyo a la guerra de José María Aznar de mano de su amiguito George Bush, de las cosas más rastretas que han hecho en las décadas que yo llevo viviendo en este mundo. Pero tanto ellos como tu vecino, o quizá tú, querida o querido lector, sois completamente iguales. Porque en el momento en que sacáis esa bandera o unas cacerolas para hacer ruido o ponéis el himno, fruto de la impotencia de unas urnas que os han vencido por fin, estáis ayudando a que una plaga más grande y peligrosa que el COVID-19 se propague. Una plaga que traspasa fronteras y es más contagiosa que la gripe: la de la ignorancia. Las vidas no se salvan arropándolas con un bandera. Las vidas se salvan con políticas sociales, pagando impuestos en su respectiva escala de riqueza y, por supuesto, invirtiendo en sanidad pública, que es lo que no parece entrar en las cabezas a día de hoy. Si ya con esto no se entra en razón, como dijo Groucho Marx: ¡que paren el mundo que yo me bajo!

Autor:

https://twitter.com/DaviOneEA
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Expediente Altramuz - ¿Seremos los mismos después de la pandemia? - Pandemia Edition #4: Día 17

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #4: Día17

 

Día 17

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PANDEMIAS, RELEXIONES Y CINE POR DAVIONE

PANDEMIAS, REFLEXIONES Y CINE

Todo ha cambiado en el mundo durante las últimas semanas. Vivimos actualmente en un Estado de alarma en España junto a otros paises a causa de una pandemia provocada por el ya famoso COVID-19, también conocido como Coronavirus. Son tiempos difíciles, no solo por el miedo que aflora en la sociedad, sino porque es en estas circunstancias donde vemos al verdadero ser humano, y lo cierto es que asusta ver la avaricia y el individualismo prevalecer en los instintos más bajos de nosotros mismos. Los supermercados se colapsaron, al igual que hospitales y servicios de emergencias. Porque, pese a tener síntomas leves, en su mayoría, fueron víctimas de la histeria colectiva por el pánico que creaban los medios de comunicación, sin una información realmente clara y veraz de lo que estaba ocurriendo. No importaba que estuvieran otras personas peor, ellos acudían en masa a recibir una prueba para comprobar que su salud no estaba siendo afectada por el famoso virus. Y así pasó, todo se desbordó. Mucha gente no pudo ser atendida y, a día de hoy, seguimos en las mismas.

Me parece un bonito gesto el hecho de salir a aplaudir a las terrazas y ventanas de los vecindarios. Lo curioso, es que muchos de aquellos que también aplauden al personal sanitario, (público), son los mismos que apoyan y votan a partidos que quieren destruirlo. Como os he dicho en alguna ocasión pasada, hace tiempo que dejé de entender muchas cosas y me limito a resignarme, confiando en que algún día esto pueda cambiar y muchos puedan ver la realidad, pero en el mundo en general y España en particular, está muy complicado.

No es la primera vez que veo cómo el mundo parece desmoronarse y que tenemos los días contados. Si bien una pandemia es una circunstancia única en nuestra historia reciente, (exceptuando la peste negra en Europa, que dudo que ningún lector de este artículo pueda recordarla por motivos obvios), nuestra integridad como especie supuestamente dominante, ha sido amenazada en diversas ocasiones. A la generación Millennial nos han jodido más veces de las que me gusta recordar, pero casi siempre hemos salido más o menos bien parados.

Tengo muchos recuerdos de mi infancia, más que nada porque nunca fui lo que se dice un niño normal, y mi cabeza ha retenido algunas de las fases de mi vida que normalmente no se almacenan en nuestro disco duro interno, entre ellos, traumas de ver pegarse a mis vecinos en el rellano, que me marcó mucho, ya que en aquella época jugaba al Street Fighter en la Super Nintendo, y no pensaba que esas peleas callejeras, (en este caso rellaneras), tuvieran lugar en la vida real, pero así fue. Nací en 1989, un año extraño, ya que no me dio tiempo a saborear como se merecían los 80, pero los pillé de milagro. Viví la mayor parte de mi niñez en la década de los 90. Tanto yo, como mucha gente de mi generación, nos quedamos lo que se dice a medio gas entre vivir las experiencias que ofreció, lo que para mí fue la edad dorada de lo freak, y la posterior decadencia en los años venideros, que tuvieron como protagonismo el exceso y la licra muy ajustada en los superhérores de los cómics.

El nuevo milenio asomaba a la vuelta de la esquina, y la gente, de pronto, se volvió gilipollas, como bien dedujo Marty McFly al final de Regreso al Futuro. Tengo todavía recuerdos de aquellos spots televisivos en los que te advertían de los riesgos del famoso Efecto 2000, que sería capaz de cargarse todos los ordenadores de tu casa, que los aviones en pleno vuelo dejarían de funcionar o que tu batidora te hiciera una sesión de bondage mientras dormías. Si algo distinguía a los 90, era sin duda el alucine que teníamos con la tecnología y con casi todo en general, y eso que nuestras televisiones todavía eran esas cosas cuadradas que pesaban una barbaridad. La flipada llegó a cotas insultantemente ridículas. Se hablaba de ello en los bares, en el Metro, en todas partes. El famoso Efecto 2000 iba a destruir la sociedad tal y como la conocíamos. En el invierno de 1999, la televisión, (de tubo), emitía un anuncio con la voz aparentemente de Ramón Langa, en la que de manera bastante inquietante, te decían que actualizaras tu ordenador para que en el caso de que pensara que el año 2000 no existia, lo reconociera.



La cosa fue tan absurda que asustaron a todo el mundo de manera innecesaria, ya que lo cierto es que pasamos al año 2000 sin más dificiultades de lo habitual, y eso que por momentos pensé en que la famosa bola de la Puerta de Sol durante las campanadas sería lanzada por el mecanismo del reloj a los asistentes en un homicidio múltiple a causa del Efecto 2000.

Un tal Nostradamus también predijo, por lo visto, que habría un eclipse solar y que eso sería el indicativo de que había llegado el Fin del Mundo. A mí me acojonó, más que nada porque ese verano me tocó pasarlo en un pueblo de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y hubo un puto eclipse. Yo pensaba que el mundo se acababa, y lo peor de todo, es que me iba a pillar en ese pueblo de mierda; sería la muerte más aburrida de la puta historia y estaba a punto de comérmela con patatas. Al final entre lo que parecía la antesala de Skynet y una novela de Max Brooks, ¿sabéis en qué quedó? En nada, joder. No pasó absolutamente nada. Yo me había preparado con una gorra para evitar los rayos solares que acabarían con los más desprevenidos, pero me daría un tiempo de ventaja sobre el resto, y todo para nada. Lo triste de todo esto, es que se te queda un mal sabor de boca, porque tú ya te habías hecho a la idea de que nos íbamos a la mierda, y eso, en el fondo, tiene su punto. Quedaría poética una muerte de esta magnitud y no atragantándote con tu propia saliva sin hacer nada, (que esto pasa), o porque te has caído por un barranco haciéndote un selfie, (que también ocurre). Pero, como os comentaba, no ocurrió nada. Todos seguimos con nuestras vidas. Yo, que siempre había sido muy dado a creer este tipo de conspiraciones o premoniciones, me sentí decepcionado, estafado. A mí me prometieron un final de los tiempos y no llegó. Pero en cierto modo, tengo también que reconocer que sentí un alivio muy grande. Estábamos en la tumba y de pronto, ¡no!

Como susto está bien, a mis 15 años ya había vivido el asunto de las Vacas Locas, el puto eclipse, poco después el 11-S, tres años después, el horror del 11-M y una posible rebelión de las máquinas contra la humanidad. Creo que era más que suficiente en escasos tres lustros de vida. Pero lo gracioso es que esto no había hecho más que empezar.

Lo normal es que la naturaleza reclame su sitio en el planeta, ya que somos los responsables directos de destruirlo. No me extrañaría que esto no haya sido más que otro intento de ésta para mantener su propia supervivencia, como nos mostró el genio infravalorado, M. Night Shyamalan en su película El Incidente (2008). Porque lo real de todo esto, es que la contaminación ha bajado. La subnormalidad no, pero están encerrados en sus casas y la verdad es que se agradece.

En la historia del cine y la literatura hemos encontrado infinidad de títulos en los que nos definen cómo es encontrarnos en esta situación de desprotección frente a algo que no podemos ver. Lo curioso es que tiene mucha similitud al cine de Invasiones Ocultas, del que ya os hablé hace algún tiempo, antes de todo esto. Al igual que durante la Guerra Fría en EEUU se generó ese miedo al comunismo por parte del gobierno de Joseph McCarthy, donde dominó lo absurdo y la ranciedad, hoy tenemos la amenaza de algo que podría estar en cualquer individuo y puede transmitirlo.

Hemos pasado de ser seres sociables a temer al prójimo. A odiar a quien tose cerca de ti en el transporte público, en la calle, en la panadería. Cualquiera podría estar infectado y tu supervivencia es más importante que la de cualquer otro, por supuesto. Como es costumbre en la condición humana, el primer paso ante cualquier situación de riesgo, es precisamente lo opuesto: la deshumanización. Gente que salía de sus residencias para acudir a otras, tomándose todo esto como unas vacaciones no programadas y transmitiendo el virus allá donde iban. Porque si bien existen ciudadanos de primera y de segunda, los de primera, siempre se las va a sudar los otros, porque la historia de la humanidad, así lo ha desmostrado siempre.

Si hay algo que nos puede ayudar a soportar este enjaulamiento, es el cine. En muchas ocasiones se han creado auténticas joyas del séptimo arte donde se adelantaron a todo esto y nos regalaron maravillas, muchas de ellas extraídas de la literatura que nos pueden ayudar a entender mejor este momento que estamos viviendo.

Es por ello, que he realizado una selección de películas que ya nos hablaron de los peligros de enfermedades. Unas buenas y otras no tanto, pero que cumplen con este propósito. Ahí van.

PÁNICO EN LAS CALLES


Pánico en las calles (1950) de Elia Kazan.
Una de las joyas del cine negro que debería salir a relucir en estos tiempos. Nos narra la historia en los barrios bajos de New Orleans, donde unos amigos asesinan a un hombre que les ganó a las cartas. Al descubrirse que la víctima era portadora de la Peste neumónica, es muy probable que los asesinos de éste hayan sido contagiados y puedan estar propagando la enfermedad, Clint y el capitán de policía Tom Warren, deberán descubrir y aislar a los asesinos, y así iniciar una carrera a contrarreloj y en secreto para evitar que cunda el pánico antes de 48 horas. Un interesante thriller a tener muy en cuenta.



LA AMENAZA DE ANDRÓMEDA


La amenaza de Andrómeda (1971) de Robert Wise.
Inspirada en la novela de Michael Crichton. Un libro algo pesado de leer por tener mucho lenguaje técnico médico, al igual que su versión cinematográfica, en la que nos narra la investigación de una cura de un virus extraterrestre que llegó en una sonda espacial y que al contacto con los seres vivos coagula la sangre rápidamente, provocando la muerte. Es un exquisito viaje a las entrañas de un laboratorio de investigación que, pese a resultar en ocasiones tan pesado de seguir como su versión literaria, es tan interesante como didáctico. Tuvo un reemake en formato miniserie en el año 2008 que fue un absoluto fracaso.



RABIA


Rabia (1977) de David Cronenberg.
El director canadiense, ya conocido por sus películas de ciencia ficción con secuencias podersas visualmente, como fue posteriormente La Mosca (1986), nos dejó una pieza muy interesante. Nos narra la historia de Rose, una mujer que tras sufrir un accidente, es ingresada en la Clínica Keloid, centro especializado en cirugía estética. Es allí donde le aplican una técnica experimental, con resultados desastrosos. Una insaciable sed de sangre comienza a emerger en ella, así como un extraño apéndice en su axila, por donde extraerá la sangre a sus víctimas que son infectadas inmediatamente con una siniestra rabia que les lleva a cometer asesinatos. Una maravilla del gore de la época de manos de uno de los grandes maestros. Merece darle una oportunidad.



THE CRAZIES


The Crazies (1973) de George A. Romero.
Una película muy representativa con los tiempos que corren, con una amenza biológica en un pueblo de Pennsylvania. Las personas infectadas con este virus se convierten en violentos asesinos, y el ejército es enviado a contenerlos. El padre de los zombies cinematográficos tuvo un pequeño resbalón con este título poco conocido, pero, pese a no ser ninguna maravilla para el estilo del maestro Romero, pero no deja de ser digna de ver en estos tiempos que corren. También tuvo en reemake en 2010 igual de olvidable del director Breck Eisner. Sí, el mismo que nos trajo ese horror llamado Sahara.


ESTALLIDO



Estallido (1995) de Wolfgang Petersen.

El director que nos regaló Enemigo mío (1985), nos trasladó a África, donde un virus similar al Ébola está matando a la población de Zaire, actualmente llamado República Democrática del Congo. El ejército opta por tomar la medida de bombardear toda la zona para evitar al propagación. Poco después, descubren que un mono, portador de dicha enfermedad, está a bordo del barco que se dirige a EEUU, así como las personas que estuvieron expuestas, presentan síntomas. Dustin Hoffman y René Russo tendrán que hacer frente al problema en esta película que, en mi opinión, es interesante, pero algo carente de alma, ya que no acaba de transmitir todo lo que debería en un asunto tan grave como el que nos intentan mostrar.



12 MONOS


12 monos (1995) de Terry Gilliam.
Al igual que la anteriormente mencionada, el mismo año llegó a las carteleras de los cines esta película futurista y postapocalíptica. Tras una pandemia mundial por un peligroso virus, los supervivientes han sido refugiados en el subsuelo, en comunidades subterráneas. Un prisionero llamado James Cole, se ofrece voluntario para hacer un viaje en el tiempo al pasado y así avertiguar qué ocurrió antes del desastre. 
Personalmente, considero que ésta es una de esas películas en las que nunca he entendido el éxito entre miles de fans. Es un producto soporífero, aburrido e insoportable. Nunca he sido fan de Terry Gilliam, lo reconozco, ni la polémica Miedo y asco en las Vegas despertó en mí el más mínimo interés. He tenido siempre la impresión de que el mito de la generación yuppie a mediados de los 90 ha hecho más por esta película que el producto en sí mismo por el espectador.
También tuvo una serie a modo reemake en 2015 del cual no pude ir más allá del primer capítulo.



28 DÍAS DESPUÉS


28 días después (2002) de Danny Boyle.
Reino Unido también quiso formar parte a principios del nuevo milenio en el género infectados. El director que no dejó películas com Trainspotting, quiso mostrar un Londres devastado por una epidemia que había asolado a toda Inglaterra a causa de la liberación de unos animales de laboratorio por un grupo de ecologistas. Cillian Murphy encarna al protagonista de esta inusual carrera por la supervivencia llena de sangre y zombies rápidos que pondrán los pelos de punta a más de uno.
Tuvo una secuela llamada 20 semanas después en 2007 dirigida por el director español Juan Carlos Fresnadillo y protagonizada por Robert Carlyle. Recomendada si te gustó la original.




EL INCIDENTE


El incidente (2008) de M. Night Shyamalan.
Una serie de extraños suicidios se extiende por New York, una de las principales ciudades de EEUU. Nadie entiende qué está llevando a las personas a cometer tales acciones. 
Antes he hecho mención a esta película, que en un principio no pensaba incluir. Pero creo que es de recibo hacer una reflexión sobre ella, ya que pertenece a uno de esos filmes que no se le juzgó en su momento como debería, no por la calidad en sí misma de la película, sino por el impacto que pudo tener una idea bastante sólida e interesante que no fue a más. La naturaleza es sabia y tiene muy claro quienes son los responsables de destruir el planeta, por eso tiene que hacer algo. Lo intrigante y sensacional, es el verdadero desenlace y motivo de todo el entramado que nos mostró Shyamalan en esta interesantísima obra, que pasó tristemente sin pena ni gloria por las salas de cine, pero que tenía mucho más que decir que lo que en un principio pensaron los espectadores, (no la crítica en su mayoría), que no la aceptaron como lo que es.



CONTAGIO


Contagio (2011) de Steven Soderbergh.
Es posible que aquí toquemos la fibra sensible, ya que es una de esas películas que retrata de manera más veraz y representativa lo que está ocurriendo ahora mismo con el COVID-19. Soderbergh, que ya experimentó con el género de enfermedades en Erin Brockovich, nos trae esta historia, con un reparto de lujo sobre la pandemia mundial, también de comienzo en China, (Hong Kong en esta ocasion), y con una muy elevada letalidad. Si bien es cierto que esta infección es más peligrosa que la que nos estamos enfrentando ahora mismo, no deja de ser significativo la muestra de cómo se propaga este mal a lo largo y ancho del planeta. Imprescindible visionado para entender cómo y porqué estamos como estamos, cómo el miedo y la histeria colectiva se apodera de todo y ver la realidad del comportamiento humano al que, lejos de la pantalla, estamos siendo testigos en estos momentos, para ver que Soderbergh no exageraba demasiado.



 [•REC]

[•REC] (2007) de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Si hablamos de enfermedades y sus contagios, no podía dejar fuera una de las más icónicas del cine español de terror en los últimos años. Los directores Plaza y Balagueró se unieron para mostrarnos un edificio del centro de Barcelona donde comenzaron a ocurrir sucesos inexplicables de violencia. La periodista, Ángela (Manuela Velasco), está realizando un reportaje sobre los bomberos de la ciudad, que reciben una llamada de emergencia. Es cuando acuden al interior, siendo retenidos poco después sin poder salir junto a los vecinos, poniendo el bloque en cuarentena cuando descubren que un peligroso virus se encuentra dentro y que convierte a las personas en dementes asesinos. 

Rodada cámara en mano, toma la atmósfera de falso documental y crea veracidad en todo lo siniestro que allí dentro acontece. Una joya que no os podéis perder. Su segunda parte, [•REC] 2, revela más secretos y continúa donde quedó la anterior. También merece un visionado. Pero tengo que reconocer que yo sentí debilidad por su tercera parte, [•REC]³: Génesis (2012), llevada a la pantalla como un spin-off de las anteriores y dirigida unicamente por Paco Plaza. En esta ocasión, nos muestra una boda en la que se desata el caos al entrar un infectado a causa de la mordedura de un perro, que tiene mucho peso en la saga. A ritmo y estética de Serie B clásica, es una delicia para los espetadores amantes del género. De cuarta y última parte, mejor no hablemos, porque es sin duda, la gran olvidada, y con razón.



Estos son, a mi juicio, algunos títulos a tener en cuenta. No todos necesariamente buenos o interesantes, como habéis podido observar, pero sí lo suficientemente relacionados con la temática que ahora prima sobre cualquer otra. Muchos pensaréis que bastante tenemos como para recordarlo más, y quizá tengáis razón, pero es un momento para reflexionar, sacar conclusiones y, por qué no decirlo, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. ¿Por qué no intentar sentarnos, apagar el teléfono móvil y disfrutar de una buena sesión de cine? Para bien o para mal, estos han dejado alguna huella en mi memoria, hay muchos más, claro que sí, pero no quería adentrarme en el género zombie, que hubiera sido más extenso, tampoco en el de enfermedades en general, que también habría dado para más. Un pequeño destello de los más cásicos, como recuerdo, bajo mi punto de vista, que no tiene que coincidir con el tuyo, que me estás leyendo. Por eso hago un llamamiento a que comentes aquí debajo tu opinión y tus títulos favoritos, así como la posibilidad de insultar al autor por su mala puntería en todo esto.
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Expediente Altramuz - Charlando con Vanek - Pandemia Edition #3: Día 7

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #3: Día 7

 

Día 7

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Expediente Altramuz - Entrevista a Dwight, falso positivo por Coronavirus - Pandemia Edition #2: Día 5

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #2: Dia 5

 

Día 5

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Expediente Altramuz - Pandemia Edition #1: Día 4

Expediente Altramuz - Pandemia Edition #1


 
Día 4

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Antes de la cultura del moderneo por DaviOne

Antes de la cultura del moderneo



¡STOP!

Paremos un momento. Descansemos de nuestras ajetreadas vidas y dediquemos unos minutos a pensar. Quizá ese sea el problema, que ya no acostumbramos a frenar en seco y preguntarnos cosas que antes sí. 

Yo vengo de una generación poco anterior al despegue de los teléfonos móviles y a esta era digital. Nací el último año que cerraba la maravillosa época de los 80´s y crecí en esa época del exceso que fue la década posterior. Recuerdo muchas cosas de mi infancia, como los helados de Frigo, que eran mis favoritos, en especial uno con forma de queso llamado "Chis!", o el Boomy, que eran tres frutas clavadas en un palo y que se comía en horizontal, toda una revolución en la época. También recuerdo cosas horrorosas como unos Fritos que venían con una bolsa de salsa barbacoa para echarla en el interior o las cantimploras Zumrok, de las que rascabas una zona en la etiqueta y te podía tocar otra y que esta bebida hiperazucarada no era otra cosa que líquido de flash sin congelar. Aún con todo, disfrutábamos en los parques, de esos oxidados y con los bordes metálicos rotos con salientes mortales. Era una época bonita, no porque fuéramos niños, que también, sino porque la preocupación no iba más allá de llegar a casa y ver una película que pusieran en la televisión o el Grand Prix del Verano, si era lo que tocaba. Tenías a tus amigos y estaban allí, en sus casas, igual que tú y sabías que los verías al día siguiente porque habíais quedado en un sitio a una hora determinada, ya está.


Como digo, pertenezco a la generación Millennial, o Generación Perdida, lo cual, como nombre, es una puta mierda, aunque David Fincher hiciera una película con ese título, (sólo Perdida, para los que os estuviera quemando la mano). Como decía, es un nombre bastante jodido, ya que no inspira demasiado al optimismo. Y lo peor de todo, es que, en cierto modo, lo somos; estamos un poco perdidos. Y es extraño, porque como yo, muchos pagábamos esos helados y guarrerías con pesetas, nos regíamos por la parrilla televisiva, que, sin ser ninguna maravilla, estaba a años luz de lo que tenemos actualmente, 5 canales en mi caso, 6 si eras privilegiado con tener Canal +, (no pienso hacer el chiste del porno codificado). Era lo que había, días lectivos: Médico de familia, Compañeros y alguna más y los fines de semana: El club Disney y, en Telemadrid: Cibercelia y Rocko Alicates en Cyberclub. Y hasta la semana que viene. Éramos conscientes de ello y lo acatábamos sin más. Encendías tu Super Nintendo y jugabas, leías o bajabas al parque a jugar al fútbol o ver quién hacía más el gilipollas con tus amigos.

Pero de pronto, todo se torció.

Llegó Internet, ese desconocido invisible. Yo tenía un vecino, (espero que siga vivo), que era unos de esos freaks de la tecnología, bastante casero y solitario, pese a tener una familia fantástica, aunque más o menos igual de raros que él. Lo conocí porque su hijo, un año mayor que yo, era mi vecino de en frente, con el que jugaba y me pasaba las horas discutiendo sobre qué Power Ranger molaba más, o si era mejor el Dragón Rojo o el Tigre Blanco del Megazord. Pero su padre, que es en quien me quiero centrar, fue uno de esos pioneros en tener un ordenador decente y en contratar un servicio de Internet, una cosa que yo, directamente, ni entendía qué era ni me importaba lo más mínimo. Tiempo después, supe que empezó a adoptar comportamientos extraños, como levantarse a horas intempestivas para conectarse a la red, ya que por lo visto era más barato. Jugaba al póker y navegaba por webs de a saber qué, buscando información y posiblemente cruzándose con otros internautas buscando quizá respuestas a algo demasiado grande como para que pudiéramos entender los simples mortales no navegantes de la época. También llegó a mis oídos que empezó a pasar demasiado tiempo enganchado, algo rollo Joaquin Phoenix en Her. Yo me lo cruzaba a veces en el rellano y lucía unas prominentes ojeras que no había visto antes. De pronto, comenzó a hacer vida en un rincón de la terraza, donde se encontraba aquel equipo y, donde un día, mi amigo y yo, aprovechando una salida a la calle de éste, entramos a hurtadillas en la web de El Club Nintendo, que era algo que a mí llevaba tiempo intrigándome cuando recibía aquellos VHS con promociones de la marca japonesa. Lo cierto es que me decepcionó bastante, pero la adrenalina que sentimos, hizo que valiera la pena. Nos sentimos como John Travolta y Hugh Jackman en Operación Swordfish.

Yo me sentía así.
Internet no es un mal, todo lo contrario, pero sí que es cierto que abrió una puerta que es imposible cerrar y por la cual entraron cosas muy buenas, pero también el fin de la paciencia y poco a poco, la destrucción de las relaciones humanas.

Tampoco quiero exagerar, pero sí que se nota cada vez más que estamos pasando a un periodo de la existencia que se basa en intercomunicarnos con otras personas a través de una pantalla. Empezó con el MSN Messenger, del que tengo muchos buenos recuerdos, pero siempre se limitaba a tu ordenador, tu casa y el rato que pasaras allí. Tenías una libertad lejos de ahí y no estabas siempre disponible, la gente lo entendía y punto. Aquí estoy, dispuesto a hablar. Me largo, hasta otra. Simple.

Pero como todo en esta revolución tecnológica, evoluciona y los teléfonos móviles, que permitían envío de SMS, fueron adoptando cada vez más roles comunicativos diferentes a una simple llamada, y cuando no estabas, no estabas tampoco, pero llegaba, allí donde fueras, aquello llegaba, lo que pasa que aún tenías un amplio margen para contestar si te daba la gana, no había esa presión. Luego llegaron cosas absurdas que jamás pude entender, como los "toques". Tú dabas un toque a alguien para... no sé, algunas lenguas contaban que servía para que se acordasen de ti, para hacer ver a otra persona que le gustabas, igual una evolución del código morse o cualquier majadería que se te pudiera ocurrir. Aquella práctica no era más que dar un tono de llamada sin opción a que pudiera cogerlo el receptor, así de sencillo. Hubo unos pocos elegidos que desarrollaban unas técnicas tipo ninja con las que al dar un toque; colgaban en un momento tan preciso, que no llegaba a sonar el tono de llamada, o era apenas imperceptible al oído humano. Éstos eran venerados como semidioses por aquella habilidad, y presumían de ello. En ocasiones, también, veías a estos... llamémosles: "Toquers", gritar algo así como: "qué cabrón, me lo ha cogido. ¡Ahora me quedo sin saldo!". Porque pese a no ser conscientes de ello, el trolleo cibernético estaba dando sus primeros pasos. La contrapartida de aquellos maestros del toque, tenía su reverso tenebroso, ya que existía otra élite dedicaba exclusivamente a tener el móvil en la mano durante horas, para que cuando sonara, cogerlo y restarle dinero de saldo al toquer. En aquellos tiempos el saldo era un bien escaso, ya que no se disponía de ingresos y había que conservar esos pocos euros o céntimos de euro lo máximo posible. Para que os hagáis una idea, la batería muchas veces duraba más que el saldo. Estoy convencido de que en esos tiempos en la Deep Web no se compraban cosas chungas con Bitcoins, era con tarjetas recarga de saldo. Los estancos adquirieron un poder enorme, ya que la gente acudía cada vez más. Tabaco, abono transporte y saldo. Los años fuertes de la heroína desaparecieron, pero llegaron los tiempos del saldo en el móvil, miles de yonkis en las esquinas rascando esa franja con un código para recargar sus teléfonos para dar toques y enviar SMS con emoticonos de pollas, que por cierto, fueron la antesala de los Power Points "humorísticos" por e-mail que tanto gustaba a los padres. 

No confundir los Toquers con Toquero, exjugador del Athletic Club

Poco se hablaba de lo gilipollas que no estábamos volviendo, cada día más. Todo evolucionaba para mal, nos daban herramientas con las que ser más estúpidos y que abrazábamos con asombro y emoción, como si una mano divina nos entregase el Santo Grial, o como cuando le compras un mueble nuevo a Los Sims y comienzan a saltar a venerarlo. Messenger, como contaba anteriormente, fue una de esas herramientas que estaban bien, chateabas, intentabas ligar y tenías cuentas agregadas de gente de tu clase con la que no tenías relación en la vida real y tampoco virtual, pero ahí estaba, la típica que dejabas en un subgrupo en la parte baja, que era algo así como el cubo de la basura de gente con quien no querías tener relación y tuviste que añadir a la lista por simple compromiso. Ahí es donde empezaste a comprender la verdadera y auténtica hipocresía humana, pero tampoco molestaban y si lo hacían, era tan simple como ignorarlos o ponerte en: No disponible. Tiempo después, cuando pensábamos que no podían las manos de MSN traernos más, lo hicieron los freaks, ajenos a la empresa y que mejoraron muchas cosas no oficialmente, como el Messenger Plus, aquella herramienta en la que, no sólo podías compartir la música que escuchabas en Winamp, descargada del Kazaa junto a treinta virus, sino que añadía la función de dar zumbidos a quien te ignoraba (el que te tenía en la lista de abajo de sus contactos), o incluso poner colores a tu nickname. De esto último no quiero entrar en ese terreno, porque me pone los pelos de punta las cosas que he llegado a ver, e incluso a poner yo mismo. Es un camino que no quiero andar y que no pienso comenzar, ya que es mejor que algunas cosas sigan como están y ya está.

Déjate de términos ni pollas, que quiero decorar mi nickname ya. Siguiente, siguiente y siguiente.

Entre toques, zumbidos, imágenes de perfil y conversaciones de todo tipo, no fuimos conscientes del nuevo mundo que se nos abría a nuestro paso, y llegaron: Comunidades MSN, un extraño y atípico lugar donde podías subir tus pensamientos más profundos, (de un tontolapolla de quince años), tus canciones favoritas y por supuesto, las fotos con los colegas. Éstas principalmente eran en los primeros botellones, con frases del estilo: "Los más malos del lugar", "Vaya pedo con mis hermanos" o la no menos socorrida, "Por muchos años que pasen, los amigos siempre permanecen". Personalmente no sé ni dónde está la mitad de los gilipollas que me acompañaban en aquellas fotos y, de muchos de ellos, no me acuerdo casi de su nombre.

Y un día, de pronto: MySpace, Tuenti y Facebook.

Yo era muy fan de Tuenti, aunque tengo que reconocer que al principio me mostré reacio a crearme una cuenta. Esto era un paso intermedio entre Comunidades MSN y Facebook, que parecía para gente algo mayor que tú y, a simple vista, más complejo. Tuenti era un sitio sensacional, en el que podías poner las mismas payasadas que en las comunidades, pero con un interface más limpio y bonito. También podías agregar a gente y mandarles mensajes privados, que molaban mucho, pero la verdadera revolución, era el sistema de etiquetado de personas a aquellas fotos horribles. De la noche a la mañana, aparecieron cámaras, sí, sí, cámaras digitales de baja resolución que llevaba la gente. De pronto, al día siguiente, veías esas fotografías en el autobús con otra gente, en un bar o caminando por la calle sin más. Fotografías de las que tú no habías sido consciente en ningún momento de que te las hacían, e incluso hablando de lejos con la chica que te gustaba, como si tus amistades hubieran mutado en unos cutres paparazzis o alcachoferos del corazón. Esas malditas imágenes aparecían en Tuenti horas después, donde el debate estaba servido y tu cabeza era el plato principal. Tú estabas etiquetado y eras consciente en todo momento de lo que se movía allí. Pero claro, qué ibas a decir, si días antes era la cabeza de otro la que estaba rodando y tú capitaneabas el coloquio en modo Tertuliator 2.0.

Todo era armonioso, pero había altibajos de sentido en todo. Un día, la gente tenía móviles con cámaras, éstas eran de una calidad mediocre y de pasar a ver fotos con cámaras digitales a las del móvil, hubo un receso en el adelanto para dar unos pasos atrás. De pronto, todo se veía mal, aunque nos flipase ver en nuestros móviles esas fotos pixeladas y saturadas de color, pero teníamos politonos, lo cual fue algo similar al Renacimiento. La gente descargaba esas mierdas de Movilisto con la canción del verano y de sus bandas sonoras favoritas, por lo que había un amplio abanico de sonidos por la calle. Quizá éramos más impresionables que hoy, porque ahora está de moda no mostrar asombro delante del resto de usuarios de la red, sino hacer ver que ya has visto todo de todo. Es por ello que no existe ese tiempo del que hablaba al principio.

Ya no acudimos al cine a disfrutar como antes, sólo necesitamos nutrirnos de contenido fresco y nuevo, aunque sea de un remake del remake del remake. Las series se consumen de manera masiva, no se disfrutan. Hay ansiedad social con consumir más y más y querer tragar para continuar tragando. El hecho de ver una serie del tirón, elimina por completo el propósito de la misma, ya que no está o no debería estar elaborada para ello. El formato Netflix, por mucho que nos encandile lanzando todo de golpe, en cierto modo está matando el producto. Los spoilers duelen más que un puñetazo directo a la cara y genera una tensión tan absurdamente ridícula que si nos paramos a pensarlo es hasta hilarante. Yo nunca vi Juego de Tronos, ni me he interesado lo más mínimo, pero recuerdo cuando se emitió el último capítulo una noche y, en el transporte público, noté a todo el mundo, tanto los que lo habían visto, (con unas ojeras similares a las del padre de mi vecino), comentándola, mientras los otros que no, haciendo esfuerzos sobrehumanos por no oír nada o increpando a la gente que lo comentaba. De verdad os lo digo, desde mi posición, en este caso neutral, pensaba que nos estábamos volviendo locos. ¿De no estar en dicha ventaja, sería uno de ellos? Posiblemente, sí.

La inmediatez y la espera son conceptos opuestos, pero hace años no teníamos esa necesidad y podíamos esperar pacientemente a que abriera la tienda el lunes, ahora nos vamos directos a Amazon para comprar y comprar, sin tiempo a que podamos pensar por qué lo hacemos y para qué. ¿Realmente lo necesitamos? ¿Qué nos mueve a hacer? ¿Por qué estamos en esta red de consumismo y capitalismo extremo? Nos han hecho tan dependientes de estar necesariamente enganchados a las redes sociales y a herramientas de consumo, así como el acercamiento a jóvenes a las apuestas, que nos están impidiendo ver con claridad que nos alejamos poco a poco de nosotros mismos y poco a poco estamos más metidos en Matrix, sin necesidad de poder coger la pastilla roja.


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Expediente Altramuz 5x07 - Las promos de Netflix, el grito Wilhelm y el auténtico Drácula

Podcast Expediente Altramuz - Episodio 5x07


Reproduce nuestro programa número 102 para escuchar nuestros debates sobre la original publicidad de Netflix, un poco de historia cinéfila con los clichés de sonido en cine y para terminar, conocer las auténticas cualidades y características del verdadero Drácula de Bram Stoker.

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Expediente Altramuz 5x06 - Los plagios de John Williams y Rosalía, enviada del demonio

Podcast Expediente Altramuz - Episodio 5x06



Programa número 101 de Expediente Altramuz y en el hablaremos de los siguientes temas.

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Expediente Altramuz - Rareza #1: La noche de los cuchillos largos

Expediente Altramuz - Rareza #1


 
LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS

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Expediente Altramuz 5x05 - La lista del Capitán América, la identidad del genio de Aladdín y arte urbano

Podcast Expediente Altramuz - Episodio 5x05


Volvemos tras el parón navideño con el programa número 99.

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