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Diario del fin del mundo, el aplauso por DaviOne

Diario del fin del mundo

-El aplauso-


Son muchos días de encierro en casa, es normal que las ideas que antes no rondaban en nuestra cabeza de manera habitual, resuciten. Estamos en una situación que nuestra historia reciente no ha conocido, es más, ni siquiera nos planteábamos que pudiera ocurrir. Nunca he sido propenso a las teorías de las conspiración más allá de las políticas o económias, y siempre he pensado que gente como los Terraplanistas son sencillamente gilipollas. Son tiempos difíciles y complicados de digerir, pero algo me dice que en un futuro, alguién tendrá que dar cuentas y explicaciones de por qué ha ocurrido esto y quién está detrás de todo. Personalmente, siempre he tenido aversión al negocio de la salud, así como las farmaceúticas. No me entra en la cabeza que una solución por el bien, ya no de un país, si quieren ponerse patriotas, sino del mundo entero, esté en manos de unos laboratorios privados y que viven de patentes y de las enfermedades de seres humanos. Es espeluznante que el precio de una vida se decida en una sala de reuniones con gente trajeada, ¿verdad? Pues así es como funciona el mundo, y no es precisamente alentador.

Hace ya varias semanas que nos hemos hecho a la idea de que el confinamiento domiciliario era algo necesario, aunque costó. No todo el mundo parece darse cuenta de la gravedad de la situación, y en el infnito egoísmo de la sociedad, reside la respuesta de por qué estamos como estamos y los motivos por los que probablemente sigamos estándolo en el futuro. Lo curioso, es que si lo analizas con detenimiento, hay un patrón común entre la gran mayoría de aquellos que abandonan sus casas para lanzarse a la carretera a sus segundas residencias. No es difícil dar en el clavo cuando descubres que son los mismos que deciden salir al balcón o a las ventanas a dar el aplauso de rigor todos los días a las 20:00h, aunque ahora les ha dado por empezar a las 19:58, (no lo entiendo, el caso es hacerlo todo mal). Se realiza de manera automática para apoyar al personal sanitario que trabaja duro para salvar vidas. Es un gran momento para volver a algo que parecía ya olvidado y desempolvar aquellas banderas patrias que tanta mierda estaban cogiendo en el cajón del olvido, junto a la baraja de cartas del Mus. En ocasiones se acompaña con el himno de España, que es muy útil para que sepas, por si no recordabas, en qué país estás y vives, en mi caso, desde hace poco más de treinta años.

También se pusieron un día de acuerdo para hacer una cacerolada contra el Gobierno y, en especial, a Pablo Iglesias, alias: El Coletas. Ya sabéis que es el principal responsable de esta crisis sanitaria, porque en su chalet de la sierra de Madrid, tiene un laboratorio secreto con acceso directo a Racoon City, donde los comunistas a parte de quemar iglesias y comer bebés, también crean enfermedades para la guerra biológica. Mola mucho hacer cosas de este tipo, ya que crea una hermandad con tu vecino, el de la pulsera de la rojigualda. Lo curioso, es que si este aplauso va dirigido a los sanitarios, (al menos era la idea desde un inicio), ahora se abarque: Guardia Civil, policía, ejército y, por supuesto, Amancio Ortega, un empresario que siempre cotiza en España y que jamás ha defraudado ningún milloncejo por ahí, ha hecho un esfuerzo enorme gastándose un dineral en material sanitario por el bien de la nación. El circo está servido y cada uno que lleve esto como guste, como si quiere aplaudir al Oso Yogui. Me da igual. Pero deberían ser coherentes con lo que piden y, en especial, con lo que apoyan y defienden, básicamente porque no tiene sentido apoyar a partidos y personas que su objetivo número uno es privatizar la sanindad que nos está salvando y recortar en infraestructuras, (como ya pasó con los antiguos gobiernos del Partido Popular), personal sanitario y medios. Que Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida, alias Carapolla, estén dando sus discursos populistas, y medios como La Sexta, ese supuesto gigante de izquierdas y bolchevique, blanqueen sus caras de mano de Cristina Pardo o Ferreras, no los convierte en héroes, al igual que tampoco lo son los futbolistas bajándose los sueldos o aceptando ERTES de buena, o mala gana en este caso, como cualquer ciudadano. Es vuestra obligación y ya está. Pero volviendo a las incongruencias, ese aplauso que en un principio me representaba, me fue asqueando progresivamente. Porque al igual que no me siento cómodo junto a un maltratador machista o un defraudador de impuestos, no puedo salir a la ventana a participar de un show que se ha ido contaminando, tanto ideológicamente como moralmente. No me sale. No digo que no deban hacerlo, ni que tengan unos más derechos que otros para dar esa energía que tanto se necesita, solo intento entender por qué lo hacen y los motivos que les llevarán a olvidarse cuando todo esto pase y acudan a los colegios electorales con la misma papeleta en la mano. De verdad, llevo días dándole vueltas y no doy con la respuesta.

Es un hecho sabido por todos que el gobierno no actuó correctamente desde un principio, y no aprendimos nada de los vecinos italianos. Creo que es el momento, no de juntar fuerzas, sino de no dar por culo desde las instituciones y partidos poíticos de oposión. La derecha nunca ha soportado que la izquierda gobernase, es algo superior a sus fuerzas, pero tampoco entiendo que en una situación tan grave como la que estamos viviendo, no solo no sean capaces de intentar sumar, (como sí está ocurriendo en otros paises), es que están aprovechando el momento de hacer política hablando de la muerte de miles de personas, que es, junto con el apoyo a la guerra de José María Aznar de mano de su amiguito George Bush, de las cosas más rastretas que han hecho en las décadas que yo llevo viviendo en este mundo. Pero tanto ellos como tu vecino, o quizá tú, querida o querido lector, sois completamente iguales. Porque en el momento en que sacáis esa bandera o unas cacerolas para hacer ruido o ponéis el himno, fruto de la impotencia de unas urnas que os han vencido por fin, estáis ayudando a que una plaga más grande y peligrosa que el COVID-19 se propague. Una plaga que traspasa fronteras y es más contagiosa que la gripe: la de la ignorancia. Las vidas no se salvan arropándolas con un bandera. Las vidas se salvan con políticas sociales, pagando impuestos en su respectiva escala de riqueza y, por supuesto, invirtiendo en sanidad pública, que es lo que no parece entrar en las cabezas a día de hoy. Si ya con esto no se entra en razón, como dijo Groucho Marx: ¡que paren el mundo que yo me bajo!

Autor:

https://twitter.com/DaviOneEA

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