Crítica

Las opiniones más controvertidas sobre lo mejor y peor del cine.

Actualidad

Todas las novedades en cine y series.

Series

Gran variedad de contenidos en todo tipo de series.

Podcast

Si te perdiste los programas de Expediente Altramuz en directo desde Radio Carcoma, ahora los podrás disfrutar en formato podcast.

Archivo

El cajón de lo ya comentado en series y películas.

Telebasura

La sección con toda la mugre televisiva.

Rocky: Boxeo y política por DaviOne

ROCKY: BOXEO Y POLÍTICA


Hace ya bastantes años que por desgracia no hay gran afición pugilística en España. Pese a ser un deporte que cuenta con muchos más años a sus espaldas, los principios y mediados del siglo XX fueron los que marcaron la época dorada del box, con combates para la historia y nombres propios como: Sugar Ray Robinson, quien amargó a Jake LaMotta en varias ocasiones, Rocky Marciano, campeón de los pesos pesados que se retiró sin ser derrotado ni una sola vez, y que defendió el título hasta en seis ocasiones. Desde Cassius Clay, medaillista de oro en los juegos olímpicos de Roma en 1960, y que se renombró a Muhammad Ali al iniciarse al Islam, dejando combates tan bellos como el que disputó en Manila contra Joe Frazier en su tercer enfrentamiento. Es complicado rescatar el carisma de aquellos luchadores, ya que a día de hoy no parece haber ídolos fuertemente marcados, en especial para la juventud, o para personas que no conocen ni entienden un deporte como éste, y que lo catalogan de violento, e incluso inhumano, cuando en realidad, en su mayoría, junto con el Rugby, (que no American football), goza de una distinción y una nobleza que ya le gustaría a cualquer jugador de fútbol. La saga Rocky pertenece a aquella época de admiración a los grandes boxeadores. Poco después veríamos rostros tan conocidos como: Poli Díaz, a nivel nacional, Mike Tyson y más adelante: Manny Pacquiao o actualmente, Anthony Joshua.

Lo que estás a punto de leer, es una opinión totalmente personal del que os escribe estas líneas, y por supuesto, una libre interpretación, una forma de poder sacarle bastante jugo a una saga que, si bien se podrían tomar como puro entretenimiento y ni que decir tiene que muy posiblemente con interpretaciones individuales del contenido muy dispares. En ocasiones puede llamar mucho la atención los ojos con los que se miren. Evidentemente no es el mensaje que nos quería transmitir Stallone, reconocido y confeso votante del Partido Republicano estadounidense, y bien nos lo hizo saber tres películas después, pero si el cine se caracteriza por algo, es por transmitir diferentes emociones y sensaciones según tu estado de ánimo, situación personal o incluso tu inclinación política. No maten al autor, de verdad que es solo una de tantas formas de verlo, en esta ocasión, la mía personal.

ATENCIÓN:
CONTENIDO CON SPOLIERS
ROCKY

Corría el año 1976 cuando vio la luz la primera entrega de la saga más conocida del boxeo. Dirigida por John G. Avildsen y guionizada por el propio Sylvester Stallone, nos introdujeron en aquel barrio obrero de Filadelfia, sombrió y pobre. 
Un boxeador amateur de orígenes italianos combate en bares de mala muerte y es el matón de un mafioso para ganarse la vida. Un día, el campeón de los pesos pesados, Apollo Creed, está buscando nuevos rivales, y decide fijarse en alguien sin experiencia profesional. Es así es como encuentra a Rocky Balboa.

Quizá sea la mejor, es cierto, y no sólo porque fue ganadora de tres premios Oscar: mejor película, mejor director y mejor montaje; además de varios premios más. Es la más sincera, la más emotiva y, sin duda, la más creíble. El mensaje claro y contundente: pobre contra rico. David contra Goliat, obrero contra banquero. El retrato de la vida del barrio nos muestra dejes de la época, con tintes tristes, tonos apagados y farolas con luces ténues. El chico de barrio tiene una vida sencilla y conformista. No le pide más que un techo donde vivir y un plato de comida cada día. La chica de la pajarería y su hermano el alcoholico. Todos viven con lo justo, pero con dignidad. El maltrato hacia la mujer y el machismo están presentes en todo momento, no como una crítica, sino como un perfecto retrato de lo que, en aquellos años, era el panorama habitual. No con ello digo que haya desaparecido a día de hoy, ni mucho menos, pero la narrativa nos hace contemplar que no se está saliendo de lo cotidiano. 

Rocky acepta el combate, pese a mostrarse en un principio reacio y excéptico: nadie regala nada. Pero, oye, es EEUU, ¡la tierra de las oportunidades! 

Se entrena de la manera más humilde para plantar cara al campeón. 


Una vez comienza el combate, Apollo vacila, golpea al aire y se burla de su adversario, ya que él es el poderoso, el que tiene el capital, el jefe. La plebe, el pobre, el empleado, no tiene nada que hacer. En próximas entregas descubrimos que éste también llegó desde lo más bajo, pero se ha corrompido y lo ha olvidado por completo. Ahora tiene el poder sobre los de abajo. Asiste golpes, aturde a Rocky y recibe de vez en cuando algún directo a la cara. El potro italiano sabe que puede optar a la victoria. Aquel ascenso prometido que nunca llega, ese momento en el que te hacen creer que puedes llegar lejos, que puedes tener tu vida propia, pero la realidad de pronto te sacude. Crochet de la banca al pobre, Creed golpea de nuevo a Balboa; éste no es tu lugar, no eres nadie para enfrentarte a mí. Cae a la lona, pero sabe encajar los golpes y se levanta. El obrero que se despierta aún de noche y se incorpora de su cama para acudir a su puesto de trabajo. No se hará rico, ni vivirá con toda la dignidad que le gustaría, pero cada día suena el despertador, lo apaga y se levanta, se levanta, se levanta... Rocky se levanta, la cuenta atrás se detiene, y golpea con odio al campeón. Tiene ira, ataca fuerte. El trabajador se manifiesta por sus derechos, mientras el esquirol acude a trabajar, porque casualmente ese día, es el único del año en que tiene derecho al trabajo. La gente, vitorea a Apollo. Es el rico, la derecha, el capital. Balboa no tiene nada que hacer. Está cansado, agotado de luchar, sabe que no puede ganar, es demasiado fuerte. Al finalizar el actual asalto, se sienta. Su entrenador, Mickey, le anima, dice que puede hacerlo, que tiene que hacerlo, que con convicción es posible. El obrero se sindicaliza, acude a asambleas de barrio, y con unión, ganan pequeñas batallas al ayuntamiento corrupto. El potro se levanta y golpea, pega muy fuerte y aturde a Apollo. El público ve una reacción, una salida, se ha ganado a la afición, al pueblo. El currante cree en el cambio y se presenta a alcalde y los vecinos lo ven con buenos ojos. Creed, contraataca y Rocky cae al suelo. Los mismos gobernantes de siempre no lo consienten e invierten más dinero en campaña y en desprestigiar al trabajador, un don nadie que se ha metido aquí a coger parte de su pastel. Balboa se levanta y Creed no da crédito, está agotado y teme por su posición de intocable, así como el título de campeón. El vecino que se presenta a alcalde, empieza a ganar en las encuestas y tiene una alta probabildiad de ser elegido. El combate finaliza: al no haber K.O. la victoria se decidirá a los puntos. Llega el día de votación para la alcaldía del barrio. El jurado determina, pese a no ser así, que Apollo Creed es el vencedor. Los partidos anteriores generan una alianza para expulsar al vecino y mantener su estatus sin que cambie nada. El obrero ha empezado de cero, era el más apto y quizá el más honrado, pero no se puede vencer al poder. Vuelve a casa con su familia. Mañana sonará de nuevo el despertador, al igual que el del vecino. Si bien Rocky toma por una gran victora el hecho de haberle plantado cara al mejor y resistirle como lo hubiera logrado un gran competidor, le sirve. Él no quiere cámaras ni entrevistas, tampoco la fama, sólo quiere ver a Adriana, su pareja.

Una auténtica lección de lucha de clases.

ROCKY II

Lo que podía haber quedado ahí, se tradujo en una serie de películas que continuaron la saga, en esta ocasión, dirigidas por el propio Sylvester Stallone, que siguió encargándose del guion. 
Poco tiempo después de luchar contra Apollo Creed, el clamor popular que notaba el claro tongo sufrido en el combate, no le reconocen la victoria al campeón, por lo que éste inicia una campaña dedicada a calentar el ambiente y producir un segundo combate en el que noquear definitivamente a Rocky y así redimirse de su pésima y desastrosa victoria. Pese a contar con uno de los combates más brillantemente filmados de la saga, finalmente se traduce como una filme de revancha al más puro estilo Hollywood. Balboa, ya con cierto reconocimiento mediático, decide dedicarse a su familia y colgar los guantes, aunque no de forma definitiva, ya que sigue teniendo ganas de continuar con su pasión. Es por ello que finalmente accede a una pelea. Como se dejó ver que en su predecesora, con el alma ganadora del chico de barrio, esta vez no podrían dejar escapar la ocasión de que venciera. Y lo hizo, con mucho esfuerzo, entrenamiento y constancia. Para lo más reticentes a la lectura, en la película: Capitalismo: Una historia de amor del director Michael Moore, explican muy bien cómo funciona el sistema. En resumidas cuentas, te habla de que las mayores riquezas mundiales pertenece al 1% de la población, mientras que el 99%, somos nosotros, la clase trabajadora. La clase media está desapareciendo a pasos de gigante y los Estados Unidos saben muy bien de qué va esto. Es por ello, que ese mínimo porcentaje de la población, al final son los que controlan y manejan el mundo. Irónico, ¿verdad? Llevan desde siempre haciéndolo, invirtiendo sus fortunas, ingresándolo en paraísos fiscales y ocultando su patrimonio. Hacienda somos todos, pero unos más que otros. Comen sus platos llenos de manjares y nos reparten las sobras, haciéndonos ver que la conformidad es la felicidad y además, debemos sentirnos agradecidos por recibir algo. Trabajos mal pagados, precariedad, sueldos ridículos. Al final sale a la luz aquella gran mentira del amor al trabajo y demás frases ya muy conocidas. Pero había algo con lo que no contaban y exitía la única jugada que les podría salir mal: la democracia. ¿Qué ocurriría si ese 99% votaran o se presentaran a unas elecciones y ganase un partido que nos obligase a igualarnos? Somos clara minoría. ¿Os creeis que los actuales impuestos a los ganadores de las loterías o los Euromillones es casual cuando antes no los había? ¿A quién le conviene de las grandes élites que un Don Nadie tenga un patrimonio y entre en la mesa de negociaciones con nosotros? Podría ser un loco que dijera que hay mucho para repartir entre las clases menos favorecidas. Nada, nada. A pagar impuestos, (aquí, sí), que no puede tener cualquera tanta pasta. Y así surgió el gran invento del Capitalismo Americano, sí, con nombre propio: ¡El Sueño Americano! Todo el mundo puede llegar a ser "alguien", pero si se esfuerza lo suficiente y se lo curra muchísimo. Si no has llegado a donde estoy yo, es porque no sirves para ser rico, así que confórmate con lo que tienes y no molestes, muchacho. Eres tú el único responsable de tu situación. Porque ser rico, mola, ser pobre, apesta. Y así se generó la gran mentira. Pobres atacando a pobres por ser pobres. Odiar al inmigrante que le quita un trabajo que jamás harían porque es demasiado duro. Al final se trasladó al resto del mundo, y no te salgas de este pensamiento porque serás un comunista, y eso es lo peor que puede pasarte, porque te conviertes en un terrorista y en un miserable que quiere vivir sin tener que trabajar. Porque como todo el mundo sabe, los ricos son los únicos que trabajan para mantener a vagos como nosotros.


Volviendo al combate, ¿no hay una similitud entre lo que os cuento y que antes fuese derrotado sin mayor consecuencias y ahora el pobre puede ganar al rico después de haber madrugado, trabajado duro y habiendo tenido su segunda oportunidad? ¿No residirá precisamente en eso, en tener una oportunidad que otros no tienen lo que marcará  tu futuro, independientemente de dónde vengas? 

Rocky II es una oda al tener una oportunidad de la clase alta hacia la baja, la puerta que se abre para que entres en su mundo sin pagar un precio antes o vender tu alma al diablo. Qué pena que esto en la realidad nunca ocurra.

 ROCKY III

Después de vencer a Apollo Creed y arrasando en otros combates, Rocky de nuevo piensa en retirarse, esta vez definitivamente, y así lo manifiesta. Clubber Lang, interpretado por Laurence Tureaud, nuestro querido Mr. T, le reta a luchar contra él, ya que quiere medirse ante el campeón y así arrebatarle el ansiado cinturón. Como nota, el actor de doblaje: Constantino Romero, que puso voz en castellano a Carl Weathers, (Apollo Creed) en las anteiores entregas, deja de hacerlo en este personaje para darle vida a Laurence Tureaud, una decisión bastante absurda en mi opinión, pero fin, sigamos. En esta ocasión vemos a un Rocky más acomodado, con bastante pasta en su cuenta corriente y algo pasado de rosca. Decide aceptar el combate contra Clubber, y comienza a entrenar una vez más con Mickey, el anciano exboxeador que lo ha dirigido a lo largo de las dos películas anteriores, pese a advertirle que no le dan buena espina este tipo de "boxeadores asesinos". El dinero ha vuelto majara al potro italiano. Es así, el poder generalmente corrompe la mentes. Su ejercitación es de lo más anómala, rodeado de fans, guantes dorados y sponsors de todo tipo. Monta un circo grotesco, absurdo y denigrante para la imagen de un boxeador. Mujeres besándole, firmando autógrafos a fans e incluso siendo retransmitido en televisión. Un show atroz y ridículo del que es absoluto protagonista. Esta vez, se refleja la triste estampa del que no ha tenido nunca nada y de pronto lo tiene todo. ¡Cuidado!, todo lo que se puede tener material, que al final es el fin que nos quieren inculcar, cosa que me entristece profundamente, ya que cada vez hay más personas dicen ser felices con más propiedades. Cada cual con lo suyo, pero yo a eso, no juego. Algo similar le ocurió a uno de los mejores boxeadores que ha dado España y paisano mío: Poli Díaz, el Potro de Vallecas, anteriormente mencionado. Al final son víctimas de la carencia de oportunidades que les ha dado la vida, la incultura en barrios pobres, cuando lo primordial era trabajar para sacar a tu familia adelante y no poder estudiar, el sobrevivir a cambio de vivir y las compañías que manejan a su antojo a los cerebros más desprotegidos.


Quizá sea un tema tabú, ya que generalemente se tiende a pensar que los yonkis o los marginados de los barrios es porque ellos han elegido esa vida, cuando la triste realidad, es que no han tenido las mismas oportunidades que otros. Así era Rocky. Por supuesto, la batalla la pierde y además se queda bien jodido, física y psicológicamente. Mickey, a su vez, muere antes del combate al sufrir del corazón. Apollo se ofrece a entrenarle. Éste, que de pronto recuerda de sus orígenes humildes en Los Angeles, en el corazón de California. Es por ello que se desplazan hasta allí. El pensamiento de Creed, pese a no decirlo explícitamente, era claro: para ganar deberás quitarte de lujos y gilipolleces y volver a lo más bajo, recordar quién eres y quizá cuando dejes de ser idiota, puedas liberar tu mente y centrarte en la pelea. Rocky, gana. Me da igual el resultado, al final es cine y eran los ochenta. Es victoria trabajada, pero no deja de marcar la vida de aquel muchacho de barrio que es abducido por el poder en cuanto se olvida de dónde viene y pierde la humildad. Puede ser tomada como una importante lección de lo que no hay que hacer. La lástima es lo que vendría después, una de esas historias que no hay por dónde cogerlas tanto política como cinematrográficamente hablando.

ROCKY IV

En el año 1985, cuando se estrenó la cuarta entrega de la saga, la Guerra Fría daba sus últimos coletazos. La URSS ya estaba muy debilitada y, al año siguiente, con el accidente de la central nuclear de Chernobil, empezó el declive definitivo. Pero todavía seguía aquella tensión entre el Bloque Oriental Comunista y el Bloque Occidental Capitalista. Muchas fueron las películas que se crearon durante todo este proceso, muchos años antes y que ya conté en este articulo. Aquí se acabó el componente más verosimil, si es que en algún momento lo fue, para convertir el filme en un panfleto antisoviético, o lo que es lo mismo: anticomunista, reviviendo, en cierto modo, la temida y casposa época del Macartismo, en ocasiones sutil y en otras, descarado. 

Es posible que ningún contrincante de Rocky haya sido más icónico que Ivan Drago, el púgil soviético interpretado por el actor sueco Dolph Lundgren. Nos muestran la Union Soviética como una sociedad casi tercer mundista, oscura y temida. Drago es uno de esos niños probeta, casi engendros de laboratorio, únicamente creados con fines propagandísticos del Partido Comunista para demostrar su poder ante el resto del mundo, ahora en forma de boxeador. Pura roca carente de sentimientos y con tendencias homicidas, ya que claro, todos los rusos eran, como poco, demonios. Ya sabéis que se dedicaban a comer niños y quemar iglesias. Apollo, que ya se le ha pasado aquello de la humildad de la anterior película, decide que para poner punto y final a su carrera, tiene que luchar y vencer al ruso, que ha venido buscando bronca a su querido país. El mismo país que hasta hace muy poco los negros eran exclavos, se sentaban en la parte trasera de los autobuses y comían a parte de los blancos en los restaurantes. Ese es el país que los policías matan a los negros día sí y otro también. Se me sigue encogiendo el corazón cada vez que veo a un negro tocándose el corazón cuando suena el himno de EEUU, pero así de raro soy. No me hagáis caso. 

Apollo entra en escena para el combate vestido completamente con los colores de la bandera de USA, (lo que os digo). Se pone fanfarrón, chulito y alardea. El publico grita su nombre y comienza el combate. Después de algunos golpes asestados por Creed sin que Drago se inmute, éste le calza una hostia a Apollo que lo lanza a la lona, muerto. Rocky, que ahora es él quien entrena a Creed, mira al ruso con cara de mala leche mientras Drago se jacta de haberse cargado a su amigo, (insisto, los rusos son malvados). 

Aunque Adriana le advierte que no lo haga, Balboa acepta combatir contra él, y no en un país neutral, no, ¡EN MOSCÚ! Las imágenes siguientes de entrenamiento y sentimientos encontrados son de traca, y el momento del combate, el climax absoluto. Ambiente hostil donde los haya. Suena el himno de la URSS, (en mi opinión el más bonito que se ha compuesto), y comienza el primer asalto. Después de una pelea bastante complicada para el italoamericano Balboa, empieza a atizar a Drago, y parece que es mortal, que le afectan los golpes. Aquí es donde asoma la cabeza el momento más ridículo de toda la saga: el ejército soviético se pone del lado de Rocky. Os lo juro, del americano, en plena Guerra Fría, en la URSS, en Moscú... Es más o menos como si a Cristiano Ronaldo con el Real Madrid, le hubieran aplaudido en el Camp Nou después de haber marcado un gol, pero ,ultriplicado por mil. De pronto, Rocky vence a Drago y con las mismas, le plantan la banderita de los Estados Unidos y suelta un discursito sobre el entendimiento entre naciones. Los rusos apluden y a otra cosa. Un americano acaba con los soviéticos, que son muy malos y les hace pensar algo en lo que no había caído nadie. Entendimiento. ¡Eureka!

Fundido a negro y se quedan tan a gusto.

ROCKY V

Llegada la década los noventa, llegó a nuestras pantallas la última entrega de la saga, hasta que en 2006, Stallone la volviera a rescatar con Rocky Balboa, que ladejaré fuera en esta ocasión. Dejados atrás los anteriores trabajos, John G. Avildsen volvió a ponerse tras las cámaras y dirigió esta horrible quinta parte. Si bien con su primera obra fue nominado y ganador del premio Oscar de la academia, en esta ocasión ocurrió todo lo contrario, ya que obtuvo siete nominaciones a los Razzie incluyendo: peor película, director y guion. Una pelicula tan olvidable como fallida, prácticamente en su totalidad.

De vuelta de la Unión Soviética, ahora sí que sí, decide retirarse después de un horrible diagnóstico médico que le incapacita a seguir dedicándose al boxeo, (cosa que no tiene sentido en la siguiente película, ya que vuelve a pelear sin mayor consecuencia), pero volviendo a este caso, Rocky se retira. Al ser estafados por su gestor de cuentas, pierden todo su patromonio y deciden retornar al barrio donde crecieron y volver a la vida anterior de curritos. Es cierto que lo poco destacable de Rocky V, es el momento de caída de la gloria al mundo terrenal. La manera de encajar que la buena vida se acabó, y es el momento de vovler a trabajar duro, como cualquer hijo de vecino. Aunque parecen no tomárselo demasiado bien en un primer momento, al final terminan por acatarlo, (tampoco les queda otra, obviamente). Pese a que los vecinos aún los quieren, ellos tienen cierto aire de: "yo no pertenezco a este lugar lleno de pobres y perdedores". ¿Recordáis todo lo que he contado antes, no?, pues eso. Finalmente optan por comprender que son tan perdedores como ellos, y que quizá no sean perdedores, sino gente normal, que vive del modo que pueden, como lo fueron ellos mimos hace unos años. Qué rápido se olvidan los orígenes cuando te has vuelto completamente gilipollas, ¿verdad?  

Un día, aparece un magnate, interpretado por Richard Gant, que persigue a Rocky para que vuelva a pelear contra uno de sus chicos. Le promete mucho dinero y la recuperación económica que tanto necesita. Pero el Potro es consciente de su salud y no la antepone al dinero. Un día, aparece un muchacho que le suplica que lo entrene. Después de negativas por parte de Balboa, accede a ello y lo convierte en un gran boxeador. Nace Tommy Gunn, uno de los personajes más olvidables de la saga. Es violento, atlético y fuerte, pero no tiene la cabeza en su sitio. Es por ello, que tal como hablamos en Rocky III y las malas compañías, hacen que el millonario opte por olvidarse de Balboa para fijarse en su pupilo. Es por ello que negocia con él, y con la pasta por delante, que deje a Rocky y se vaya a su equipo. Éste, después de valorarlo, acepta, ya que su anterior entrenador no le dejaba pelear con los rivales que él quería, ya que aseguraba no estar preparado.


Finalmente el chico de barrio es seducido por el poder y el dinero, valga la redundancia. El maestro que le enseñó todo lo que sabe, pasa a ser proletariado, alguien a quien sacarle tajada y dejarlo tirado cuando ya no puede dar más de sí. Un trabajador que lo ha dado todo por la empresa durante años y cuando ha dejado de ser útil es pisoteado, humillado y despedido sin mayor explicación que una carta escrita a máquina. El millonario representa nuevamente el capital, que se cree con potestad de hacer y deshacer a voluntad, de comprar y vender personas, e incluso de tomarlas como sus pertenencias. Tommy, a su vez, es el obrero engañado que luce pulsera con la bandera de España y vota a la derecha, quien cree las falsas promesas de un futuro ascenso y de equipararse al jefe algún día. También el esquirol, que no acepta las huelgas, quien pisotea a quien haga falta para abrirse camino a la puerta ficticia de la gloria y el dinero. No importa qué tiene que hacer, siempre llegará hasta donde haga falta.


Es en este momento cuando entra al bar a orden directa de su amo y señor y desafiándolo a una pelea. Rocky prefiere no hacerlo, ya que solo empeoraría las cosas. Pero cuando agrede a su cuñado, éste sale fuera y comienza una de los combates más cutres y desastrosamente dirigidos del cine, con el permiso de la interminable pelea de Están Vivos, de John Carpenter. Y en plena calle y de noche, con un corrillo de gente mirando como se zurran ambos, Rocky vence a Tommy Gunn. Luego sacude a George Washington Duke, después de retarle a que lo haga, amenazando con denunciarle. Podría ser el golpe definitivo de la clase obrera al poder, pero la realidad es que sencillamente es un placebo, ya que no se muestra, pero, pese a lo idílica que resulta esta idea, lo más probable es que esa denuncia por daños y perjuicios finalmente se realizara, y al Potro le tocaría aflojarse el bolsillo.


Aún con todo, la saga Rocky es mi favorita del género, sin desmerecer, por supuesto, peliculas inolvidables como: Toro Salvaje de Martin Scorsese, Marcado por el odio, dirigida por Robert Wise y con Paul Newman en estado de gracia, o Gentleman Jim, el biopic de James J. Corbett, boxeador conocido por conseguir derrotar a John L. Sullivan e interpretado por Errol Flynn. No podemos dejar pasar tampoco otros títulos menos cláiscos, pero sí muy interesantes como son: Huracán Carter, con Denzel Washington o Ali, dándole vida un Will Smith que cumple pese a estar un poco fuera de onda en ocasiones.

La esencia del boxeo en el cine es siempre un punto interesante a desarrollar, ya que la mayoría de iconos han tenido vidas duras, llenas de obstáculos y con sus propias idiosincrasias.

Por supuesto que Rocky no fue concebido como un canto a la lucha de la clase obrera, pero por la propia idiosincrasia del género y las películas en sí mismas, se pueden sacar muchas lecturas, incluso más de lo que el propio Stallone quería mostar, y que al final salen cosas de las que ni él mismo es consciente que tiene entre manos. Quizá necesitemos ir de vez en cuando un poco más allá para poder captar los matices que quedan en ocasiones eclipsados por el showtime y el simple entretenimiento. Puede que debajo de esa coraza que muestran ciertos productos, dentro, en el mismo fondo de ellos, aguarde un mensaje más profundo y popular, uno que siempre se oculta bajo el yugo del poder.


Autor:
https://twitter.com/DaviOneEA

1 comentarios:

¡Escribe tu comentario altramucero!